El poema y la poesíaUn poema es una clase textual con leyes propias, diferentes a las de otros tipos textuales como el ensayo, el cuento o la nota periodística. Es, en definitiva, un discurso que se manifiesta como un acto de habla autónomo, porque su finalidad no es instrumental sino estética y constituye un mensaje de contenido complejo y expansivo, en continuo proceso de resignificación. Es decir, en él las palabras cobran nuevos sentidos de acuerdo con el lugar que ocupen en el verso y los novedosos vínculos que establecen entre sí dentro de él.
El lenguaje poético no se define solamente por el empleo de artificios retóricos o recursos de connotación como la metáfora, el paralelismo, la aliteración, por ejemplo, que son característicos de otros géneros literarios ; sino por el uso peculiar que hace de esos recursos, tal como se puede observar en un estudio comparativo con otros tipos textuales como la prosa o el discurso teatral.
¿Verso o prosa ?
La etimología de las palabras prosa y verso nos brinda un primer punto de partida para trazar los límites entre un tipo discursivo y el otro. Prorsus es lo que va en línea recta y directa, versus es surco, hilera, lo que avanza un poco y después se detiene para volver hacia atrás y recomenzar, tal como hace el arado, o volver a empezar desde donde se había partido pero una línea más abajo.
Desde el punto de vista espacial, el poema cambia de línea antes de que se haya llegado al límite de la página. Las razón de esta peculiaridad es fónica en la poesía tradicional : cambiar de línea supone un respiro, una pausa. En la poesía de vanguardia, en cambio, esta característica del verso tiene que ver con función significativa que adquiere lo gráfico.
La medida del verso impone un ritmo fónico, diferente al ritmo semántico que el tratamiento de un tema determina y, justamente, es el logro de ese efecto rítmico el que condiciona la disposición de las palabras.
La métrica* del verso, que muchas veces corta, fragmenta, distorsiona el plano semántico de una estructura oracional para imponer un sentido diferente, el poético, es el obstáculo, la estrategia discursiva, elegida por el poeta para provocar un efecto de extrañamiento*, de distanciamiento, a nivel del significado. Por esto, un buen lector de poesía, un verdadero “recitador”, leerá respetando las pausas, los cortes, que le impone el verso y no el contenido semántico de las oraciones.
Como recurso expresivo, el verso impone sus leyes., mientras que, en la prosa, el discurso hace lo imposible para adecuarse al contenido, para no perturbarlo. Así, si se desea representar una sucesión de objetos, la trama discursiva de la prosa adoptará el recurso de la enumeración, coordinando por yuxtaposición y/o anexión las palabras que designan a esos objetos ; si el contenido exige, en cambio, que se argumente señalando causas y efectos, la sintaxis organizará un período oracional rico en proposiciones subordinadas.
“Como rasgo de permanente filiación entre verso y la fonología de la lengua destaca el hecho de que dentro del cuadro de la versificación española el metro que predomina por la frecuencia y extensión de su cultivo es el octosílabo, cuya medida coincide precisamente con la de la unidad melódica o grupo fónico más corriente en la común elocución del idioma.” T. Navarro Tomás : Métrica española.
El principio de la prosa es “rem tene, verba sequentur”, el de la poesía : “verba tene, res sequentur”. Esto quiere decir que en la primera el lenguaje se adapta al contenido, y en la segunda el contenido se adapta al lenguaje.
En poesía, en cambio, el poeta selecciona una serie de estrategias y recursos poéticos y después hace que el contenido, se cual fuere, se adecue a esas limitaciones. Las palabras están condicionadas al ritmo* y no el ritmo a las palabras. El ritmo elige las palabras, de alguna manera, las “crea”. En cambio, en la prosa es el contenido el que determina la elección de las palabras.
En poesía el
ritmo es la
función dominante y por eso en ella todo lo que se repite es significativo. El discurso poético tiene como protagonista al significante*, es decir, trabaja fundamentalmente sobre el ordenamiento regular del material fonético y/o gráfico.
La función poética y sus estrategias
El uso artístico del lenguaje que se lleva a cabo en la poesía se caracteriza por un predominio notable, en términos generales, del paralelismo ( de sonidos, estructuras, etc.) y de la autorreflexibilidad del lenguaje, propiedad por la cual el discurso pierde contacto con el referente y se vuelve sobre sí mismo, se “autorrefleja”. Lo poético nace del modo peculiar, ambiguo, opaco, en que se vinculan expresión y contenido, es decir significante y significado. Roman Jakobson llamó a estas características que asume el lenguaje literario, y que observó especialmente en el estudio de la poesía, función poética.
En sus estudios lingüísticos, el crítico ruso señaló que la función poética estaba determinada por la orientación del mensaje hacia sí mismo, el mensaje por el mensaje mismo, el cómo y no el qué.
Crótalo
Crótalo.
Crótalo.
Crótalo.
Escarabajo sonoro.
En la araña
de la mano
rizas el aire
cálido
y te ahogas en tu trino
de palo.
Federico García Lorca
Esta función pone el acento en los signos, y profundiza la separación entre ellos y el contenido referencial que proviene de la vinculación con el contexto lingüístico o extralingüístico. El lenguaje se vuelve opaco y como Narciso se centra en sí mismo (autorreflexivo), no le interesa ser mero transmisor de un contenido sino que se convierte en protagonista : juegos de sonidos, metáforas, repeticiones y toda suerte de recursos a través de los cuales se trata de que el lenguaje sea lo más importante, el eje central del discurso.
En este entramado textual, del siguiente poema de Raúl González Tuñón, se puede observar hasta que punto son clave la selección y la combinación que se realiza con las palabras. Observemos los juegos de opacamiento del vínculo con el referente (contexto extralingüístico), a través del uso de metáforas* (versos 1 y 2/ 7 y 8) y paradojas* (versos 3, 4, 5 y 6) que se opera, como así también el proceso de resignificación de las palabras (asignación de nuevos sentidos), por medio de las relaciones de contigüidad (árbol/ceniza) que se establecen en el lenguaje de este texto, en el cual el yo poético*, emisor lírico del mensaje, construye una visión subjetiva y personal de la ciudad española :
Madrid
¡Cómo ha crecido el árbol de ceniza
que en un costado le brotó Noviembre !
Vieja ciudad que muere porque vive,
nueva ciudad que vive porque muere,
ciudad que por la muerte de la vida
inaugura la vida de la muerte.
¡Cómo ha crecido la paloma oscura
que en un costado le brotó Noviembre !
[…]
(fragmento)
Para leer poesía : instrumentos de análisis
1. Analizar un poema no es traducirlo o glosarlo, esto es, decir de otra manera lo que el texto ya dice. Esta lectura que surge la lectura verso a verso del poema sólo sirve para enterarnos de manera global qué dice el texto y formular una primera hipótesis de lectura, que necesariamente será revisada en ulteriores nuevas lecturas. Un poema debe ser leído varias veces antes de comenzar el trabajo de análisis propiamente dicho.
2. Siempre se debe partir del
planteo de hipótesis de lectura o de un “lugar” de lectura. Esto implica recortar dentro de las lecturas posibles del poema una, que es a través de la cual se segmentará el texto para analizar mejor sus componentes discursivos. Para formular la hipótesis no solo hay que tener presente los aspectos relacionados con el contenido sino también sus aspectos fónicos (combinación de sílabas, acentos, pausas ; efectos fundados en la armonía de las vocales, asonancia, de las consonantes, aliteración, y también en las correlaciones como paralelismos, alternancias, antítesis y otros recursos gráficos que se manifiestan en disposición espacial sobre la página).
3. Es necesario llevar a cabo un tipo de
lectura paradigmática ( vertical/ diagonal) a través de la cual se vayan señalando los indicadores de tema que sostendrán esa hipótesis de lectura ( sustantivos, adjetivos, verbos, adverbios, construcciones, aspectos fónicos y gráficos).
4. El reconocimiento de los recursos de connotación globales y locales que caracterizan al discurso poético no debe ser entendido como la construcción de un catálogo de figuras. Un buen análisis no sólo trata de reconocer un recurso, también tiene en cuenta qué efecto estético, y sobre el lector persigue, y cómo funciona en el texto en cuanto a la temática, la cosmovisión, el estilo literario del que participa, la ideología, etc.
5. Una vez analizados los distintos aspectos de un poema, es necesario integrar la información discursivamente en un texto argumentativo (ensayo, informe oral/escrito, ponencia) que desarrolle de manera organizada y clara, estableciendo los vínculos insoslayables entre forma y contenido, las conclusiones a que se ha llegado. Para llevar a cabo esta tarea resulta muy útil elaborar previamente un esquema (mapa conceptual* o red ) en el cual se vayan integrando los aspectos textuales observados.
Con la finalidad de que cuenten con todos los elementos teóricos necesarios para el análisis de un poema, a continuación, transcribimos un listado con a) las formas estróficas tradicionales más comunes y b) los artificios retóricos más utilizados :
a)
Formas estróficas :
Terceto : estrofa de tres versos de arte mayor, es decir, cuya medida supera las nueve sílabas.
Cuarteto : estrofa de cuatro versos (se llama cuarteta cuando los versos son de arte menor)
Soneto : género lírico compuesto por dos cuartetos y dos tercetos.
Romance tradicional: serie indefinida de versos octosílabos, con rima asonante en los versos pares.
Redondilla : estrofa de cuatro versos (octosílabos), con rima consonante a/b/b/a.
Copla : estrofa formada por cuatro versos octosílabos con rima asonante en los pares.
Octava real : estrofa aconsonantada con ocho versos endecasílabos (ABABABCC)
Lira : estrofa aconsonantada formada por dos versos endecasílabos, y tres heptasílabos que riman aBabB.
b)
Artificios retóricos
Se los denomina, también, figuras o recursos de connotación y su finalidad es lograr un determinado efecto en el texto. Los más usados son :
anáfora : repetición de una misma palabra al comienzo del verso.
Aliteración : repetición notable de un mismo sonido consonántico a lo largo de un poema con finalidad rítmica.
asonancia : repetición de un mismo sonido vocálico a lo largo de un poema con finalidad rítmica.
antítesis : contraposición conceptual de palabras. “ Lloran los justos y gozan los culpables”
comparación : figura que traza un paralelismo entre dos entidades a través de un nexo comparativo (como/cual) : bella como la risa de un niño.
elipsis : supresión de algún elemento (verbo, sustantivo, información, etc.) en una construcción sintáctica para lograr una mayor economía expresiva.
epíteto : adjetivo que se antepone al sustantivo para sugerir el carácter sustancial de la cualidad mencionada.
enumeración : acumulación de palabras con efecto intensificador.
hipálage : desplazamiento de un adjetivo, en lugar de ir con el sustantivo correspondiente va con otro, en una misma construcción : “ el prestamista acodado en el mostrador ambicioso”
hipérbaton : cambio inusual del orden sintáctico de las palabras que busca colocar en un lugar destacado lo más importante poéticamente hablando.
hipérbole : exageración con la cual se presenta un determinado elemento que aparece distrosionado con respecto a su referente real, para lograr un efecto de intensificación. El recurso contrario se llama lítote y consiste en asordinar la referencia, presentado las cosas de una manera mucho menos intensa que la que tienen en realidad.
ironía : uso de una expresión con valor contrario al que denota literalmente : “me encantan las interrupciones”.
metáfora : analogía que se establece entre dos términos, ya sea mencionando a los dos o expresando solo el término imaginario que queda en lugar del término aludido. En el primer caso se denomina metáfora impura (a) y en el segundo pura(a).
(a) “ tus mejillas, dos rosas en primavera”
(b) “ dos lirios perforaron su vientre”
metonimia : desplazamiento en la expresión que se produce entre dos elementos contiguos (causa por efecto, contenido por continente) : “ las olas crujen bajo el muelle”
oxímoron : relación armónica de dos elementos con significado opuesto : “oscura claridad”
paradoja : proposición contradictoria a nivel denotativo que puede resolverse o no a nivel de la connotación. “muero porque no muero”
paralelismo : construcción sintáctica similar que se repite.
quiasmo : en una estructura sintáctica paralela, dos términos se repiten de manera invertida : “hay que comer para vivir y no vivir para comer”
sinécdoque : recurso que consiste en nombrar una parte por el todo : “avanzan dos ojos demoníacos”.
zeugma : coordinación gramatical de dos palabras con características semánticas diversas, por ejemplo un sustantivo abstracto y uno concreto. “andrajos y desalientos”
Les propongo la puesta en marcha de este modelo de interpretación textual, para que puedan observar de una manera más concreta cómo se puede llevar a cabo, a través del la lectura del siguiente poema :
Canción 6
Ya no me importa ser nuevo,
ser viejo ni estar pasado.
Lo que me importa es la vida
que se me va en cada canto.
La vida de cada canto.
Rafael Alberti
Análisis :
De la primera lectura de este texto, de suma sencillez expresiva, se desprende ( primera hipótesis general de lectura) que para el “yo poético” de este texto lo central es la relación entre la vida y el canto.
El poema, de acuerdo con este primer planteo, puede segmentarse en dos partes. La primera, que comprende el primer y segundo verso, donde el poeta señala aquellas cosas que carecen de importancia para él, y la segunda, que comprende los versos 3, 4, 5, en la cual subraya la importancia de la vida y el canto. La relación entre los aspectos de contenido y los aspectos formales, está marcada a partir del vínculo de la palabra canto con la forma estrófica del poema (canción), compuesto por una cuarteta octosílaba, con rima asonante en los versos pares, típica de las formas líricas populares y un verso final que, en su aislamiento espacial, subraya el vínculo vida/canto.
A los adjetivos nuevo, viejo y pasado que son descalificados en el poema con el adverbio no, cuya relación con el adverbio temporal ya adquiere la significación de una manera de entender la vida vinculada al presente de la escritura y a la experiencia vital, se oponen los sustantivos vida y canto que aparecen valorados positivamente. Por otra parte, a través de esta antítesis se sugiere una contraposición entre lo mudable y pasajero (ser nuevo, ser viejo, estar pasado) y los sustancial (la vida y el canto).
Es evidente que la vinculación profunda, esencial, que se establece entre vida y canto ( la vida se va en cada canto/ la vida de cada canto) no solo sugiere que el canto nace de la vida, ligado a ella, sino que también el acto de cantar desangra, de alguna manera, al yo poético ( de allí la insistencia en la formas pronominales me/se) : es su máxima realización y al mismo tiempo un acto que le consume la vida. Metafóricamente, se podría decir que el poema es una suerte de “vampiro” que vive de la vida ajena pero insustituible del poeta que lo pone en acto. Y el poeta un ser generoso dispuesto a darlo todo por mantener vivo el canto, es decir la poesía .
Fuente: Alicia Montes, Los juegos del lenguaje, Kapelusz Editora.