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lunes, 23 de febrero de 2009

Teatro barroco - Siglo de Oro

Fuenteovejuna

de Félix Lope de Vega y Carpio


EL TEATRO EN EL SIGLO XVII

Durante el siglo XVII el teatro conoce un gran auge en toda Europa: En España, LOPE DE VEGA, TIRSO DE MOLINA, CALDERÓN DE LA BARCA; En Francia, MOLIÈRE, CORNEILLE y RACINE; En Inglaterra, WILLIAM SHAKESPEARE.
En España, Cervantes y otros autores buscaron una fórmula que gustase al público, pero fue Lope de Vega quien acierta a fijarla hacia 1590 y en 1609 ( “Arte nuevo de hacer comedias en este tiempo”) define y explica en qué consiste el género que él establece y que se denomina comedia española o, simplemente, comedia.


El modelo teatral que implanta Lope de Vega tiene los siguientes rasgos:

1.- el texto dramático
A.- División en tres actos o jornadas, en los cuales se sucede el esquema de exposición-nudo-desenlace. Cada acto, a su vez, está integrado por cuadros con tiempo y espacio propios
B.- Uso del verso como texto teatral, adaptando la métrica del verso a la situación dramática: el romance y las octavas para las narraciones; las décimas para los lamentos; el soneto para las esperas; los tercetos para asuntos importantes, las redondillas para el amor...

C.- Rechazo de las reglas de las tres unidades (tiempo, lugar y acción), de tal modo que las obras pueden desarrollarse en un transcurso superior a las 24 horas, pueden aparecer distintos lugares en el escenario y la acción principal se puede mezclar con otras secundarias.

D.- Se mezclan lo cómico (personajes de baja condición; acontecimientos divertidos) y lo trágico (personajes nobles y hechos desgraciados) . El final suele ser feliz. TRAGICOMEDIA

E.- Los personajes se ajustan a unos estereotipos:
# El galán busca el amor de la dama, cuya honra es protegida por el padre, hermano o marido.
# El padre, el hermano o el marido, protectores de la honra de la dama, eran el caballero, pero también podía ser un villano (campesino) en los "dramas" del poder injusto.
# el gracioso presenta los aspectos cómicos, divertidos y realistas, a menudo coincide con el pael de criado del galán
# El criado del galán y la criada de la dama viven una acción amorosa paralela;
# El poderoso (capitán o noble) representa la maldad, empeñado en disfrutar de la dama; provoca la venganza o desagravio del padre, hermano o marido, ya seacaballero o villano. La única excepción a esta norma se producía cuando el rey era el ofensor, pues un rey sólo podía morir a manos de otro rey o por castigo divino.
# el rey es el encargado de impartir justicia (salvo cuando actúa como un joven enamorado)
# El villano o campesino representa los valores tradicionales y suele defender la honra frente al poderoso. Supone dignificar a un personaje que, en el teatro grecolatino, en el medieval o en el del siglo XVI, aparecía como un hombre ignorante y bruto al que se ridiculizaba.

F.- La temática es nacional; se tratan temas generalmente basados en los siguientes elementos:
1.- Defensa del HONOR (dignidad personal, lo que hace a un individuo ser persona) y de la HONRA (la imagen pública de un ser humano). El honor y la honra pueden perderse por actos propios (cobardía, traición...) o ajenos (insultos, ofensas, infidelidad amorosa). En ese caso se requiere una venganza inmediata. En los "dramas del poder injusto", un aldeano (villano) defenderá su honor matando al poderoso: esto es algo imposible en el teatro español anterior a Lope de Vega, y en el teatro europeo (Francia, Inglaterra).
2.- El amor es también el gran tema del teatro barroco. Aparece ligado indisolublemente al tema del honor/honra. Determina la división argumental en:
# DRAMAS: un poderoso enamorado intenta seducir a una dama, que es hermana, esposa o hija de un caballero (noble) o de un villano (aldeano). Se produce la venganza: el castigo y muerte del poderoso. en algunas obras, el «ofensor» y la «dama» (casada) están enamorados, pero eso no evita la venganza del «marido» (ejemplo: El castigo sin venganza de Lope de Vega: el marido mata a su joven esposa y a su amante, que además es, en esta obra, hijo natural del marido [fruto de unos amores de juventud del protagonista])
# COMEDIAS: un joven galán soltero y una joven dama soltera se enamoran e inventan mil trucos, engaños o juegos para conseguir que el padre o el hermano de la dama aprueben el matrimonio con el que siempre terminan estas comedias.
3.- La religión católica, o la moral cristiana en otros casos, es el tercer gran tema del teatro español del siglo XVII:
# Vidas, hazañas, actuaciones ejemplares de santos, personajes bíblicos, etc.
# Dramas de tema teológico sobre la salvación del alma, la lucha contra el pecado, etc
# Los autos sacramentales: con motivo de las fiestas de CORPUS CHRISTI (finales de mayo o principios de junio) se representaban breves piezas con personajes alegóricos (la virtud, el pecado, el amor...) compuestos para celebrar el sacramento de la eucaristía (la comunión).

G.- Se incorporan a la obra bailes y letrillas para ser cantadas (o en los inicios y descansos o en medio de la obra. Poco a poco constituirán un subgénero propio: la Zarzuela).


2. la representación teatral

El teatro de la época comprendía tres tipos principales de representación diferentes y relacionados entre ellos a la vez: el teatro popular en los Corrales de Comedias, el teatro cortesano en los palacios reales y el teatro religioso durante la fiesta del Corpus, con la interpretación de los autos sacramentales.
> Las representaciones tenían un carácter eminentemente ritual, es decir, la representación no se limitaba a la interpretación de una pieza, como es usual hoy día, sino que comprendía una serie de elementos adicionales, las piezas menores, como música, entremeses, bailes, loas, jácaras, etc., y estaba muchas veces integrada en ceremonias no propiamente teatrales como las fiestas cortesanas o religiosas.
> Desde los principios, el teatro organizado estaba vinculado a tareas sociales; una buena parte de los ingresos servía para la subvención de los hospitales y demás instituciones de beneficencia.
> Ya en una fase muy temprana y durante toda la época se les permitía a las mujeres actuar en la escena con los mismos derechos que sus compañeros masculinos, todo en contrario a las costumbres vigentes en otros países. Aunque, por otra parte, no hay que olvidar las limitaciones hacia las actrices, como la obligación de ser esposa, hija, hermana o madre de algún miembro masculino de la compañía teatral, etc.



Lope de Vega (1562-1635)
BIOGRAFÍA

Lope Félix de Vega Carpio nace en Madrid en 1562, hijo del bordador Félix de Vega y de Francisca Fernández Flóres. Hacia 1580 empieza a ser conocido como poeta. Estudió en Madrid con los jesuitas y parece que también en la Universidad de Salamanca. En 1583 se alista en la expedición del marqués de Santa Cruz a la isla Terceira (Azores). Al regreso de la expedición, con veinte años, se enamora de Elena Osorio, «Filis», hija del actor profesional Jerónimo Velázquez. Lope de Vega divulga su amor por Elena en unos versos y ella rompe la relación. Lope, enfurecido, escribe unos libelos contra la familia de Elena que le acarrean varios años de destierro de la corte. Se casa con Isabel de Urbina, «Belisa», en 1588, y pasa los dos siguientes años en Valencia, donde entra en contacto con los dramaturgos valencianos.
Después de la muerte de Isabel, 1595, su vida se complica en amores y conflictos. El verano de 1605 se hace secretario del duque de Sessa, al que sirve, entre otras ocupaciones, de alcahuete. Conoce an Antonia Trillo, y después a Micaela Luján, la «Camila Lucinda» de sus versos, mujer de teatro y casada, de la que tuvo siete hijos. Entonces Lope ya había vuelto a casarse con Juana Guardo, hija de un carnicero acomodado, de la cual tuvo dos hijos más. El matrimonio dura de 1598 a 1613. Después de muerta su mujer, aún tuvo otras dos aventuras amorosas con jerónima de Burgos y Lucía de Salcedo.
Alguna crisis religiosa le hace ingresar en la Congregación de Esclavos del Santísimo Sacramento. Acaba ordenándose sacerdote en 1614, año en que imprime las Rimas sacras. Su última pasión se llama Marta de Nevares, «Amarilis» y «Marcia Leonarda», de la que Lope tendrá una hija, Antonia Clara. Los años de la senectud son melancólicos: su hija Marcela se hace monja y abandona el hogar paterno; Marta de Nevares case gravemente enferma; las tareas que Sessa le encomienda le producen cada vez más remordimientos, tiene problemas económicos. Enfermo y envejecido muere en 1635: el entierro es solemne y la capital asiste emocionada a las exequias del mayor dramaturgo de nuestras letras.


Obra teatral
Las comedias de Lope no tienen una gran profundidad psicológica como las de Calderón o Shakespeare, pero su encanto reside en la acción y en los argumentos que toma de leyendas antiguas y de la historia, y que presenta como reales aunque están idealizados. De las 1.500 obras dramáticas que Lope dijo haber escrito, se conservan 426, de las que sólo son seguras 314 comedias y 42 autos sacramentales; todas son muy difíciles de fechar.

# Entre las piezas teatrales de asunto religioso destacan Lo fingido verdadero sobre la vida de san Ginés, El robo de Diana, Los trabajos de Jacob, El rústico del cielo, La hermosa Esther o El nacimiento de Cristo;

# De tema mitológico son Las mujeres sin hombres (sobre las amazonas), El marido más firme (Orfeo), El laberinto de Creta o El amor enamorado (Dafne);

# Al tema histórico y legendario español pertenecen El último godo, El bastardo Mudarra, El mejor alcalde, el rey, La Estrella de Sevilla, Fuenteovejuna, Peribáñez y el comendador de Ocaña, que se encuentran entre sus mejores obras

# Comedias de enredo amoroso y diversos ambientes (costumbrista y popular, urbano, palaciego...) : El perro del hortelano, El villano en su rincón, La dama boba, Los melindres de Belisa, La moza del cántaro y El acero de Madrid.
Lope de Vega abruma en su grandeza; Miguel de Cervantes le llamó "monstruo de la Naturaleza" con cierta envidia y despreció aunque también reconoció que había logrado "el cetro de la monarquía teatral". Hoy se le sigue considerando como el primer dramaturgo español moderno que supo establecer una dialéctica con el público por medio de la tensión dramática y del talento y belleza de sus versos
Las fuentes de donde toma Lope la inspiración son: su vida y experiencia personal, y la literatura y la historia, sobre todo la nacional. El romancero, las crónicas, la historia, las leyendas, las vidas de los santos, la Biblia, el mundo fantástico de la mitología, la picaresca, la religión, todo entra en su teatro.

Obras dramáticas de Lope:

- Comedias de costumbres: El acero de Madrid, La dama boba.

- De tema novelesco: El castigo sin venganza.

- De tema tradicional: El caballero de Olmedo.

- Dramas de honor villano (o campesino): En este grupo se incluye algunas de las obras más importantes de Lope. En ellas el conflicto gira en torno al enfrentamiento entra campesinos, que se ven obligados a defender su honor, y señores feudales abusivos: El mejor alcalde, el Rey, Peribáñez y el comendador de Ocaña, Fuente Ovejuna.



Fuenteovejuna.

Fuenteovejuna debió escribirse hacia 1612 ó 1614. Es una de las obras mejor conocidas y más representativas de Lope. Su tema (una sublevación popular contra un tirano) la ha convertido en símbolo dramático de la lucha contra la tiranía y la injusticia. El tema se basa en un hecho histórico, ocurrido en 1476, en un pueblo andaluz (Fuenteovejuna), durante las luchas que siguieron a la muerte de Enrique IV. En esta época hay dos pretendientes al trono de Castilla: Juana la Beltraneja (hija «dudosa» de Enrique IV) e Isabel, hermana de Enrique IV, y futura reina (Isabel I, la Católica). Una de las tramas que se desarrolla en la comedia, y que sirve de trasfondo histórico, es ésta de las luchas entre ambos bandos, el de Juana y el de Isabel. Destacándose de este fondo, está la trama principal: la rebelión de Fuenteovejuna contra el Comendador de Calatrava, Fernán Gómez de Guzmán (partidario de Juana). El Comendador tiene al pueblo de Fuenteovejuna bajo su gobierno y abusa despóticamente de su poder. Soberbio y lujurioso, humilla a los hombres y fuerza a las mujeres. Le agrada una campesina, Laurencia, prometida de Frondoso, y trata por todos los medios de conseguirla. En un episodio crucial la sorprende en el campo, pero Frondoso, con la propia ballesta del Comendador obliga a este a soltar a la muchacha. El Comendador, en apoyo de Juana la Beltraneja, parte para Ciudad Real, donde sus tropas son derrotadas por las de Isabel. A su regreso, el Comendador continúa sus abusos. Humilla a Esteban, padre de Laurencia y alcalde de Fuenteovejuna, detiene a Frondoso, roba a Laurencia, ya casada, y se la lleva a su casa. Alterado, el pueblo se rebela y mata al Comendador en unas escenas de gran violencia. Los reyes ordenan investigar el caso, pero todo el pueblo responde lo mismo: «Fuenteovejuna lo hizo» y los reyes sancionan por fin el castigo de Fernán Gómez, poniendo a la villa de Fuenteovejuna bajo directa jurisdicción real.

Inspiración y propósitos de la obra

Lope se inspiró en la auténtica rebelión de la villa cordobesa de Fuente Ovejuna, ocurrida el 23 de abril de 1476, fecha en la que los villanos, cansados de soportar abusos y agravios, asaltaron la casa del Comendador y lo mataron.

Lope se sirvió fundamentalmente de La Crónica de las tres Órdenes y Caballerías de Santiago, Calatrava y Alcántara (1592), de Francisco de Rades y Andrada, debido a que era la que más se adecuaba a sus propósitos:

*

Hacer propaganda de la monarquía absoluta, intentando demostrar que no había ningún sistema político superior, y que el rey era el único que podía garantizar la paz, la justicia y el orden sociales.
*

Rendir homenaje a los Girones, familia del Duque de Osuna, que había sido su antiguo mecenas. Con la obra, pretendía «lavar las culpas» de don Rodrigo Téllez, que se enfrenta a los Reyes Católicos inducido por el Comendador, quien aparece come el auténtico traidor. Finalmente, el joven Maestre salvará su honestidad y demostrará su grandeza moral, arrepintiéndose y pidiendo perdón a los Reyes.



Estructura externa

La obra es según Lope una tragicomedia por estas tres razones:


- Por la mezcla de personajes de clase alta y baja.
- Por la mezcla de elementos trágicos y cómicos.
- Por un desenlace con la muerte de alguno de los personajes

La obra se divide en tres actos o jornadas:

*

Acto I: planteamiento del tema, donde se presenta a los personajes y el conflicto desencadenado por el Comendador.
*

Acto II: nudo o desarrollo, en el que se suceden los enfrentamientos entre el Comendador y los habitantes de la villa.
*

Acto III: desenlace final del conflicto: rebelión, muerte del Comendador y obtención del perdón real.

Lope hace esta división para mantener la intriga y la atención del público hasta el final.

Estructura interna

Cada acto es un pequeño drama con planteamiento, nudo y desenlace.

En el Acto Primero: triunfa el bien, Frondoso se enfrenta al Comendador y
lo derrota.

En el Acto Segundo: triunfa el mal, el Comendador afrenta a todo el pueblo
al interrumpir la boda y llevarse presos a los novios.

En el Acto Tercero: triunfa nuevamente el bien, los oprimidos, cuando los
Reyes conceden su perdón.

Lope alterna los episodios climáticos y anticlimáticos. Los primeros dominan
especialmente en los actos segundo y tercero, cuya nota predominante es el
dramatismo (esto en la Primera acción, la Segunda en este aspecto es sólo marco del
relato principal). Por ejemplo, al final del Acto II se celebra la boda, momento
anticlimático, y en su transcurso irrumpe el Comendador, momento climático; al
principio del Acto III pasa lo mismo, la reunión de los vecinos es un momento de
sosiego que es interrumpido por la llegada de Laurencia desmelenada, momento de
fuerza, climático.

En cuanto a las unidades de lugar, tiempo y acción, Lope incumple las tres:

*

La trama se desarrolla en más de un espacio, con lo que da más veracidad a la obra al tratarse de lugares reales. Estos cambios sólo se perciben a través del diálogo de los personajes.
*

El tiempo de la acción ocupa varios días, en un intento de acercarse lo más posible a la realidad histórica.
*

La obra presenta dos acciones paralelas y complementarias:

*

La acción principal es la que relata los acontecimientos ocurridos en Fuente Ovejuna. Es la parte social de la trama.
*

La acción secundaria se corresponde con los hechos políticos. Es el marco histórico.

Ambas acciones están interrelacionadas a través de unos personajes, presentes en los hechos sociales y políticos, que sirven de nexo:

*

El Comendador, elemento desencadenante de los conflictos.
*

Los Reyes, restauradores del orden social y político.

Es interesante ver cómo Ciudad Real y Fuente Ovejuna buscan el amparo de los Reyes como solución a los problemas causados por el Comendador.

Se trata de los caras de la misma moneda que se unen al final del segundo acto; a partir de ese momento, los abusos políticos y sociales del Comendador se convierten en una única traición con una sola venganza. Esta doble acción viene a confirmar el principal propósito del drama: la propaganda de la monarquía.

Resumen por escenas:

Escena 1 (vv. 1-40)

El Comendador visita al Maestre en Almagro: El Maestre se hace esperar y Fernán Gómez se impacienta. Mientras espera explica su concepto de la cortesía, virtud que para él, sólo posee la aristocracia. Los criados del Comendador tratan de calmarlo atribuyendo la tardanza del Maestre a su inexperiencia y juventud.

Escena 2 (vv. 41-173)

Encuentro entre el Comendador y el Maestre: El Comendador le recuerda al Maestre que es a él a quien el joven le debe su puesto de Maestre. Comentario sobre la situación política: El reino está dividido en dos partidos a raíz de la muerte de Enrique IV: unos siguen a su hermana, la futura Isabel de Castilla, y otros, entre ellos el rey Alfonso de Portugal, siguen a la hija de Enrique IV, doña Juana. Se trata de una guerra civil.

Razones de la visita del Comendador: El Comendador quiere que el Maestre se una a la causa de doña Juana atacando la villa de Ciudad Real, punto estratégico.

Escena 3 (vv. 174-274)

El acoso de Fernán Gómez: En Fuente ovejuna Pascuala y Laurencia hablan de los excesos del Comendador. Pascuala piensa que si el Comendador continúa persiguiendo a Laurencia su amiga no podrá resistirse por mucho tiempo.

Las malas artes del Comendador: Las dos amigas censuran que el Comendador engañe a las mujeres del pueblo con regalos y amenazas. Laurencia afirma que ella sabrá defenderse por su orgullo y su valor. Después de estas afirmaciones, Laurencia explica cuánto prefiere ella la vida del campo sobre cuantas finezas cortesanas pueda ofrecerle el Comendador.

El comportamiento de los hombres: Al término de la escena, las labradoras discuten el comportamiento de los hombres y llegan a la conclusión que estos se caracterizan por su hipocresía, crueldad e ingratitud.

Escena 4 (vv. 275-444)

Debate sobre el amor en sus concepciones aristotélica, pitagórica y platónica: Entran en escena Mengo, Barrildo y Frondoso para pedirle su opinión a las labradoras sobre la afirmación de Mengo de que "no hay amor". El tono cortesano del debate contrasta con el ambiente rural. Mengo afirma, aristotélicamente, que los elementos están en perpetua discordia y que lo mismo sucede con los temperamentos de los hombres. El único amor que existe es un amor egoísta. Barrildo, el pitagórico, defiende que el amor es la causa de la fundamental armonía del universo. Laurencia interviene alegando la tesis platónica. Según esta, el amor es deseo de la belleza y virtud de lo amado.

Escena 5 (vv. 445-528)

Flores narra la conquista de Ciudad Real: Flores vuelve a Fuente ovejuna precediendo al Comendador y cuenta como las tropas del Maestre y Fernán Gómez han tomado la ciudad después de una dura batalla.

Escena 6 (vv. 529-594)

Llegada victoriosa del Comendador: La escena comienza y termina con una canción de alabanza al Comendador. Todo el pueblo da la bienvenida a Fernán Gómez y le ofrece una gran cantidad de productos agrícolas.

Escena 7 (vv. 595-634)

Despotismo y lujuria del Comendador: Fernán Gómez se dirige a la casa de la Encomienda y llama desde la puerta a Laurencia y Pascuala las cuales se niegan a entrar. Fernán Gómez parece no entender que las villanas se nieguen a aceptar sus favores. Pascuala afirma que ellas le deben obediencia, pero no en cosa que ponga su honra en peligro. Harto de la negativa, el Comendador les ordena a Flores y a Ortuño que las convenzan. Las villanas continúan resistiéndose y se retiran.

Escena 8 (vv. 635-654)

Diálogo de los Reyes sobre la guerra: En su palacio, Isabel y Fernando discuten la situación político-militar. Al final de la escena, don Rodrigo Manrique pide permiso a los Reyes para que entren a verles dos oficiales de Ciudad Real.

Escena 9 (vv. 655-722)

Informe sobre Ciudad Real: Los dos oficiales les hacen saber a los Reyes que Ciudad Real ha sido conquistada por las tropas del Maestre de Calatrava y de Fernán Gómez para el bando de doña Juana. Ante el peligro de que, aprovechando que Ciudad Real está en manos amigas, entren en Castilla los ejércitos de Alfonso de Portugal, Isabel y Fernando deciden actuar con rapidez. Envían a don Rodrigo Manrique y al conde de Cabra a que retomen Ciudad Real para los Reyes.

Escena 10 (vv. 723-778)

Frondoso declara su amor a Laurencia: Laurencia le reprocha a Frondoso que todos en la villa piensen que ellos se quieren bien. El insiste en la autenticidad de su amor. Laurencia no le corresponde abiertamente, pero lo anima a que hable con su padre, para que él hable con el de ella. La llegada del Comendador interrumpe la plática. Frondoso se esconde.

Escena 11 (vv. 779-832)

Intento frustrado del Comendador contra Laurencia: Fernán Gómez intenta rendir la voluntad de Laurencia. Para hacerlo nombre a varias otras mujeres de la villa que han accedido a sus pretensiones. Laurencia se muestra firme, pero el Comendador deja en el suelo la ballesta (crossbow) que trae consigo e intenta violarla. Frondoso sale de su escondite, toma la ballesta y amenaza con ella al Comendador, obligándolo a dejar libre a Laurencia.

Escena 12 (vv. 833-859)

Frondoso humilla al Comendador: El Comendador se enfurece por haber soltado la ballesta. Frondoso se disculpa por sus acciones alegando que el amor lo ha forzado, pero se niega a dejar el arma pues sabe que Fernán Gómez lo mataría en el acto. Finalmente, Frondoso se aleja del Comendador llevando consigo su arma. Fernán Gómez promete fiera venganza.

Acto II

Escena 1 (vv. 860-891)

La calma reina en Fuente ovejuna: En la plaza de la villa se encuentran el alcalde, Esteban, y el Regidor, discuten las dificultades que puede enfrentar el pueblo por las escasas reservas de alimentos.

Escena 2 (vv. 892-930)

Digresión sobre la educación y los libros: Barrildo y el licenciado Leonelo, alumno de la Universidad de Salamanca, conversan sobre este tema.

Escena 3 (vv. 931-948)

Primera manifestación de rechazo del pueblo: Entran otros personajes que cuentan el intento de violación de Laurencia por el Comendador. En la conversación se discute la necesidad de remediar esta antipática situación.

Escena 4 (vv. 949-1022)

Enfrentamiento entre Esteban y el Comendador: Llega el Comendador a la plaza y, hablando con el alcalde, se queja insolentemente del rechazo de su hija, Laurencia. Alega que si otras mujeres de Fuente ovejuna han accedido a sus deseos, Laurencia no tiene por qué rechazarlo. Esteban le contesta con dignidad, reprochándole sus acciones y animándolo a vivir correctamente, pues el pueblo quiere "vivir bajo su honor". El Regidor, representante del pueblo, le recuerda a Fernán Gómez que es su deber honrar a sus vasallos y respetar su honor. El Comendador se burla abiertamente de la noción de que los villanos puedan tener honor, característica que según él sólo pueden poseer los nobles. El Regidor, le recuerda indirectamente a Fernán Gómez que la sangre de los villanos es infinitamente más limpia que la de muchos que se tienen por nobles. El Comendador mantiene que las mujeres del pueblo se honran con cualquier trato que tengan con él. Finalmente, pierde la paciencia con los labradores y los expulsa de la plaza de la villa ordenándoles que vuelvan a su casa cada uno individualmente.

Escena 5 (vv. 1023-1102)

El orgullo del Comendador: El no comprende la reacción de los villanos. Luego se interesa en averiguar qué otras mujeres de la villa están listas a juntarse con él.

Escena 6 (vv. 1103-1136)

El Comendador recibe noticias de la guerra: Un soldado llega a la villa trayendo noticias de que las tropas de los Reyes Católicos están atacando Ciudad Real.

Escena 7 (vv. 1137-1184)

El cambio de las ideas amorosas de Laurencia: Laurencia y Pascuala confiesan a Mengo su temor de encontrarse al Comendador. Laurencia afirma que su opinión de Frondoso ha cambiado. Confiesa su amor por él.

Escena 8 (vv. 1185-1204)

Temor de las mujeres y valentía de Mengo: Aparece Jacinta, agitada y temerosa del Comendador y sus criados que la persiguen. Pascuala y Laurencia huyen, pero Mengo se queda a defenderla.

Escena 9 (vv. 1205-1216)

Llegan Ortuño y Flores. Mengo trata de hacerles entrar en razón para que dejen en paz a Jacinta.

Escena 10 (vv. 1217-1252)

Castigo de Mengo: Llega el Comendador y, desoyendo los ruegos de Mengo, le ordena a Ortuño y a Flores que lo amarren y lo azoten.

Escena 11 (vv. 1253-1276)

Jacinta intenta razonar con Fernán Gómez y le recuerda de la honradez de su familia y de sus costumbres campesinas. El Comendador no recibe bien estas alegaciones de honre. Acto seguido, ordena que Jacinta sea llevada con ellos, no ya para ser gozada por él, sino por la tropa en general.

Escena 12 (vv. 1277-1316)

El amor de Laurencia y Frondoso: Frondoso abandona su escondite para visitar a Laurencia. Otra vez le declara su amor. La muchacha le dice que hable con su padre, Esteban.

Escena 13 (vv. 1317-1404)

Desolación del pueblo por la conducta del Comendador: Esteban y el Regidor comentan las nuevas barbaridades de Fernán Gómez. Comentan también sobre la guerra y esperan la victoria de Isabel y Fernando. El alcalde lamenta que su vara, símbolo de autoridad, no sea suficientemente poderosa para someter al desaforado Comendador. Frondoso se acerca a ellos y pide la mano de Laurencia.

Preparación de la boda: Laurencia es llamada por su padre para dar su consentimiento a la boda.

Escena 14 (vv. 1449-1471)

Derrota militar de los de Calatrava: Evidente es que los Reyes Católicos han ganado Ciudad Real. El Comendador se despide del Maestre dejándolo sólo.

Escena 15 (vv. 1472-1569)

Celebración de la boda: Fiesta de bodas campesina.

Escena 16 (vv. 1570-1651)

Interrupción del Comendador y detención de Frondoso: Entra Fernán Gómez en la boda y manda arrestar a Frondoso. El alcalde trata de intervenir, pero el Comendador no le hace caso. Harto de oír súplicas Fernán Gómez le quita la vara al alcalde y le pega con ella delante de todos los labradores. Los hombres del Comendador secuestran también a Laurencia. Ultima gran deshonra de Fernán Gómez.

Acto III

Escena 1 (vv. 1652-1657)

Reunión del pueblo en la Sala del Consejo: Los hombres del pueblo discuten los problemas que aquejan la villa.

Escena 2 (vv. 1658-1671)

Soluciones posibles: (1) Juan Rojo sugiere que la villa se acoja a la protección de los Reyes Católicos. (2) El Regidor sugiere que se abandone la villa. (3) Luego el Regidor sugiere una tercera opción; matar al Comendador. Mengo declara que esta propuesta es demasiado atrevida. Otros, como Esteban, alega que el Rey es el único verdadero señor y no el Comendador.

Escena 3 (vv. 1712-1818)

Laurencia enciende la revuelta popular: Entra Laurencia a la Sala de Consejo dando voces. La chica muestra claras señas de lucha. Insulta a su padre y a todos los hombres de la villa por su poca hombría. Afirma que las mujeres de la villa sabrán hacer lo que los hombres no son capaces de concebir: defender su honra a mano armada. Su parlamento surte el efecto necesario y la rebelión se enciende.

Escena 4 (vv. 1819-1847)

Laurencia organiza un batallón de mujeres.

Escena 5(vv. 1848-1876

El pueblo se dirige a la Casa de la Encomienda: La multitud sorprende al Comendador cuando está a punto de hacer ahorcar a Frondoso. Asalto al palacio del Comendador: Fernán Gómez libera a Frondoso para que este trate de calmar a la multitud. Frondoso se une a los rebeldes.

Escena 6 (vv. 1877-1887)

Los sublevados llegan hasta el Comendador: Fernán Gómez ofrece disculpas de sus faltas y ofrece reparar los daños que ha causado. Sus palabras son inútiles.

Escena 7 (vv. 1888-1919

Muerte del Comendador. Las mujeres castigan a los criados

Escena 8(vv. 1920-1947)

En el palacio de los Reyes Católicos don Rodrigo Manrique les cuenta a los monarcas cómo ha sido conquistada Ciudad Real.

Escena 9 (vv. 1948-2027)

Flores informa a los Reyes: Entra Flores herido. Les cuenta a los reyes lo que ha sucedido en Fuente ovejuna, exagerando algunos aspectos y pidiendo justicia. Los Reyes deciden enviar un Juez pesquisidor a investigar el suceso.

Escena 10 (vv. 2028-2071)

El pueblo celebra: Reina un ambiente de fiesta en Fuente ovejuna. Los labradores declaran su fidelidad a los Reyes Católicos.

Escena 11 (vv.2112-2124)

Colocación de las armas de Fernando e Isabel en el Ayuntamiento (City Hall). La villa discute qué decir cuando las autoridades averigüen el caso y deciden responder comunalmente que ha sido Fuente ovejuna. Se anuncia la llegada del Juez pesquisidor enviado por los Reyes.

Escena 12 (vv. 2125-2160)

Reacción del Maestre: Un soldado le informa al Maestre lo que ha pasado en Fuente ovejuna. El Maestre quiere vengarse, pero decide someterse a la autoridad de los Reyes Católicos.

Escena 13 (vv. 2161-2174)

Laurencia se preocupa del futuro de Frondoso.

Escena 14 (vv. 2175- 2257

Frondoso se reúne con ella y afirma que no va a abandonar a su amada y sus vecinos.

Tortura de los villanos: Laurencia y Frondoso escuchan cómo el Juez pesquisidor tortura a un viejo, a un niño, a una mujer y, finalmente, a Mengo. Todos se mantienen firmes en que ha sido Fuente ovejuna quien mató al Comendador.

Escena 15 (vv. 2258-2281)

Los villanos celebran el ánimo de Mengo y los otros.

Escena 16 (vv. 2282-2289)

Nuevo encuentro cómico-romántico entre Frondoso y Laurencia.

Escena 17 (vv. 2290-2309)

En el palacio de los Reyes don Rodrigo Manrique interviene en favor del Maestre.

Escena 18 (vv.2310-2345)

El Maestre personalmente solicita el perdón real. Alega que el interés y el Comendador lo engañaron.

Escena 19 (vv. 2346-2357)

Los Reyes inquieren sobre el resultado de la pesquisa legal en Fuente ovejuna.

Escena 20 (vv. 2358-2385)

Informe del Juez pesquisidor: El Juez les informa a los monarcas que a pesar de sus esfuerzos no ha obtenido una respuesta adecuada. Afirma que al Rey sólo le quedan dos opciones; o perdonar a la villa o matar a todo el pueblo.

Escena 21 (vv. 2386-2453)

Los villanos ante el Rey: Acuden los labradores a palacio para explicarle al Rey los motivos que tuvieron para asesinar a Fernán Gómez, para suplicar el perdón real y para reafirmar su obediencia a los Reyes.

Sentencia final de los Reyes: El Rey dicta sentencia afirmando que si bien es cierto que el crimen ha sido terrible no es menos cierto que sin falta de pruebas concretas sobre quiénes fueron los verdaderos culpables es justo perdonar a la villa. Incorpora la villa a la corona hasta el día en que la herede otro comendador. La obra termina con una alabanza al Rey.

PERSONAJES

En Fuente Ovejuna los personajes no se corresponden con los tipos característicos
de la comedia nueva y su número es considerablemente elevado respecto al de otras
comedias. Los dividiremos en principales, secundarios y episódicos:

1. Personajes principales.-

El Comendador, noble prepotente arrastrado por sus bajas pasiones.

Para él la única ley es la de imponer su voluntad.Es reo de traición (a sus Reyes, porque se pone de parte de un rey extranjero ) y tiranía (sobre sus vasallos, contraviniendo las leyes de la protección feudal). Lope insiste en su caracterización negativa para disculpar al Maestre, antepasado de su protector, el duque de Osuna.

Laurencia y Frondoso, pareja campesina agraviada por el Comendador.

Laurencia o la defensa del honor: no es la típica dama, dulce y enamorada de su
galán, del teatro lopesco. Es una mujer del pueblo, arisca e independiente, que
prefiere la vida sencilla del campo y que vive pendiente de su honor.

El pueblo de Fuente Ovejuna, personaje colectivo.


Maestre Rodrigo Téllez Girón: en los versos 69 al 89 el Comendador nos da los
datos biográficos del joven. Tiene dieciocho años y es valiente pero imprudente.
En la obra actúa con crueldad y al final se arrepiente.

Los RRCC, justicia y magnanimidad: son reyes de Castilla desde 1474. En la
obra su figura aparece con cierto distanciamiento y solemnidad (Lope tiene esta
norma en el Arte Nuevo…). Sus intervenciones son breves y no se ven nunca con
el Comendador. La reina Isabel, representante de un poder justiciero.


Mengo ¿figura del gracioso?: solamente coincide con la figura del gracioso por
su aspecto bufonesco y por ser el responsable de casi todos los momentos de
comicidad que encontramos en la obra. Pero llegado el caso es valiente, defiende a
Jacinta a pesar de no unirle a la chica ningún vínculo familiar y en la tortura
protagoniza un momento de tensión cuando parece que va a confesar, pero al final
sus palabras son “Señor, Fuenteovejunica”.

2. Personajes secundarios:

Los criados del Comendador: en ocasiones da la impresión de que comprenden
el descontento de los villanos e intentan poner en aviso a su señor. Otras veces
intervienen para aplacar su cólera. Flores, el único que se salva, es un “alcahuete”
y Ortuño es un “socarrón”.

Don Rodrigo Manrique: es el padre del famoso poeta.
Pascuala: torturada en representación de las mujeres.
Jacinta: “alter ego” de Laurencia.

Esteban, Alonso y Juan Rojo: representan a los ancianos de la villa.El primero es
el padre de Laurencia, es torturado y humillado con su propia vara de mando. No
defienden a la chica como era su deber y ella se lo reprocha cuando se presenta en
la Junta.

Barrildo: es un elemento de contraste, en el tema del amor se enfrenta a Mengo
defendiendo que es una necesidad para vivir y en la digresión sobre la imprenta
manifiesta una opinión positiva frente al licenciado Leonelo.

3. Personajes episódicos:


El Regidor Cuadrado, Leonelo, un labrador, un niño y la villa como personaje
colectivo en el 3º acto.



Ideas principales

TEMAS Y MOTIVOS principales



Lope de Vega recurre a una serie de temas acordes con el gusto de la época, que aparecen íntimamente entrelazados, unos al servicio de otros; estos tema son:

1. El honor

El tema principal es el honor campesino.

Se plantea un conflicto social entre un señor feudal abusivo y sus vasallos. Los campesinos no se proponen cambiar el sistema social, buscan simplemente reparar una injusticia.

El poder real restablece el orden al reconocer la justicia del proceder de los campesinos de Fuente Ovejuna.

Se contrapone el amor cristiano de Frondoso por Laurencia y el deseo lascivo del Comendador.

Era uno de los temas más recurrentes del teatro del Barroco y uno de los preferidos por el autor.

A partir de entonces, se adquiere la dignidad y respetabilidad necesarias para convertirse en un personaje digno de ser protagonista.

En la obra, aparece este nuevo concepto del honor, que es el que defienden los villanos, un honor que nace dentro del propio ser humano, gracias al ejercicio del valor y a la práctica de la virtud, oponiéndose a la concepción aristocrática; así, en el acto segundo, Fernán Gómez se sorprende y se burla irónicamente de que los villanos crean tener honor por ser simplemente cristianos viejos.

Aparecen dos concepciones contrapuestas, la aristocrática que defiende el
Comendador, y la ascendente, defendida por el pueblo de Fuente Ovejuna. Para la
primera el honor únicamente lo poseen los nobles y se transmite por herencia; según
el Comendador, no se ve empañado por la injusticia, la arbitrariedad y la prepotencia
de sus actos. En cambio para la segunda el honor se adquiere mediante el ejercicio
de la virtud, la dignidad de la persona no es consecuencia de la calidad de su cuna.
Conocemos las afrentas contra el honor de los villanos por la acción y por
referencias en las palabras de algunos personajes. En el primer caso están el intento
de forzar a Laurencia, el azotamiento de Esteban con su propia vara, el azotamiento
de Mengo por los criados al intentar defender a Jacinta y la entrega de ésta a los
soldados. Por referencias conocemos las afrentas a la mujer de Pedro Redondo por
el Comendador y sus criados y las afrentas a todo el pueblo en general.
Según el código no escrito del honor, las afrentas han de lavarse con sangre.
El Comendador no piensa que sus vasallos alberguen esos pensamientos, cree que
les son impropios como cree que sus atropellos no ensucian a Fuente Ovejuna.

2. El amor

El amor es uno de los temas centrales de la obra que sirve de apoyo al tema de la honra, ya que las actitudes ante el amor son parejas al honor de los personajes.

Se da en una dimensión teórica y en una dimensión práctica; la teoría la
ponen en el acto 1º Mengo, Barrildo y Laurencia, que defienden la concepción del
amor de Aristóteles, Pitágoras y Platón, respectivamente. En la práctica el amor
aparece referido a lo social como solidaridad entre clases y en el plano individual se
da el amor sensual, el “mal amor” del Comendador y el puro de la relación entre
Laurencia y Frondoso.

El tema aparece ya desde el acto primero. Dos son básicamente las opiniones que allí se exponen.

*

Mengo defiende que existen tantos tipos de amor como temperamen-tos de personas: colérico, melancólico, flemático o sanguíneo. Después, él sostiene que el único amor posible es el amor egoísta, amor que aparece encarnado en el Comendador.
*

Barrildo y Laurencia hacen una defensa del amor idealista, platónico:

*

Laurencia concibe el amor como un deseo de alcanzar la belleza.
*

Barrildo cree en el amor espiritual que busca «la virtud de lo amado» y concibe el amor verdadero como un reflejo de la armonía de las esferas celestiales que defendía Pitágoras.

Estas dos concepciones teóricas tienen un reflejo en la práctica:

*

En la sensualidad que encarna el Comendador.
*

En la espiritualidad del amor puro entre Laurencia y Frondoso.

El tema del amor sirve además de refuerzo en la caracterización de los personajes en relación con el tema del honor. El amor cobra así una gran importancia en la obra como desencadenante de la ruptura del orden social. En la obra también se defiende el amor matrimonial.

3. La rebelión popular no es una solución que se plantee desde el principio, los
campesinos apelan primero a la justicia divina y solo ante la constatación de que la
situación en el pueblo no hace sino empeorar, deciden tomarse la justicia por su
mano. La escena en que llega Laurencia desmelenada a la junta de los hombres y los
insulta repetidamente es crucial porque las dudas se disipan y se inicia la rebelión.
Al ser un delito colectivo y no haber confesiones particulares, queda sin castigo
aunque los RRCC lo censuran.

Temas secundarios

- Menosprecio de corte…
- Defensa de la Monarquía


ACCIÓN, TIEMPO Y LUGAR:


En la obra se dan dos acciones, el suceso principal son los abusos en Fuente
Ovejuna, hecho histórico que se produjo el 23 de abril de 1476.El segundo
argumento es la Guerra Civil de Ciudad Real que se produjo por un problema de
sucesión en el que el Comendador se puso de parte de Juana la Beltraneja, esposa de
Alfonso V de Portugal y sobrina de Isabel la Católica (hija de su hermano Enrique
IV). De la primera acción podemos decir que es social, específica y dramatizable,
mientras que la segunda es política, genérica e historiable. Para las dos Lope
sigue la Crónica de Rades pero la manipula literariamente, por ejemplo, el
Comendador en la Crónica no está metido en las dos acciones, en cambio en Fuente
Ovejuna sí lo está. Las dos acciones se relacionan por personajes comunes
(Comendador, RRCC), por referencias, por similitud temática (tiranía y traición) y
al final de la obra se produce la fusión de ambas.


El tiempo se maneja “in crescendo”, da la sensación de que han transcurrido
muy pocos días desde que empieza la rebelión hasta que el pueblo es perdonado por el
Rey.

Los lugares son reales para conseguir verosimilitud. Los decorados sólo existen
en la imaginación del espectador y los cambios de lugar se producen sin previo aviso,
los percibimos a través del diálogo; la escena no se queda vacía nunca. A continuación
señalamos los lugares: Medina del Campo y Tordesillas (RRCC), Fuente Ovejuna,
Almagro y Ciudad Real (el Maestre y el Regidor se relacionan, respectivamente, con los
dos últimos).


ESTILO

Distinguimos aquí tres apartados:
- El lenguaje de los personajes
- El lenguaje dramático
- Métrica

El lenguaje de los personajes: en general se cumple lo que Lope llama el decoro
poético, es decir, que cada personaje habla según su condición. Así los Reyes tienen
intervenciones breves y sentenciosas, el Comendador usa frecuentemente
imperativos en varias fórmulas y los campesinos emplean un lenguaje con arcaísmos
y vulgarismos, los más frecuentes son:

- H- por F- : huego (fuego), a la he (a la fe)
- Metátesis del grupo –DL- : dalde (dadle)
- Vacilación en vocales átonas: recebida, distribuye.
- Simplificación grupos consonánticos : efeto (efecto)
- Refranes
- Juramentos : soncas (en verdad), tirte ahuera (tírate afuera)

El lenguaje dramático: a este apartado pertenecen los apartes, monólogos y
diálogos.

Apartes: sólo aparecen dos veces, las dos en boca de Leonelo sobre la
crueldad del Comendador (v. 981, v.1021).

Monólogos: una vez, cuando Laurencia en tono lírico se confiesa a sí misma
su preocupación por lo que le pueda ocurrir a su amado Frondoso (soneto: vv.2159-
2174).

Diálogos: los hay de acción, narrativos (para la segunda acción, cuando los
personajes hablan del asunto de la Guerra) y digresivos (sobre temas que no atañen
directamente al argumento como la “alabanza de aldea” entre Pascuala y Laurencia
y la conversación sobre la imprenta entre Barrildo y Leonelo que es además un
anacronismo porque a fines del siglo XV, época en la que se sitúa la acción, no era
posible que un invento de la mitad del mismo siglo tuviera tanta importancia).
Uno de los mayores aciertos dramáticos de Lope es el diálogo en la escena
del tormento: dos personajes escuchan lo que ocurre dentro, en la estancia del
interrogatorio, y citan el nombre de las víctimas para orientar al espectador, con lo
que se consigue crear un “doble plano” escénico.

Entre los recursos dramáticos empleados para captar el interés del espectador
están: el resumen de lo acontecido (normalmente al principio de los actos,
recordemos que entre uno y otro se representaba un entremés que podía distraer),
situaciones de contraste, dar a entender algo que no es (por ejemplo cuando parece
que Mengo va a confesar),etc.

Métrica: en la obra se da la polimetría siguiendo la alternancia entre lo narrativo y lo
amoroso, materias temáticas dominantes en el argumento. Los versos más usados
son los de arte menor, de ocho sílabas o de menos, en romances y redondillas (-a-aa…//
abba).

Aparecen también:
- romancillo: con versos de seis sílabas (ej. Vv. 529-544)
- copla: cuatro versos de arte menor con rima asonante en los pares(canciones)
-coplilla de estribillo: tres versos (alabar a los novios y a los Reyes).
-octava real: endecasílabos ABABABCC (ej. Vv.1848-1919: rebelión)
-tercetos: asuntos graves, por ejemplo la Junta de vecinos(vv.1652-1711)
-serventesio: ABAB, para cerrar los tercetos.
-soneto: para los que aguardan, monólogo de Laurencia(vv.2161-2174)
-seguidillas: cuatro versos ( “Al Val de Fuente Ovejuna”, al final)
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lunes, 26 de enero de 2009

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Federico García Lorca


Biografía de Federico García Lorca:

1898-1936 1898

El 5 de junio nace Federico García Lorca en Fuente Vaqueros, provincia de Granada, hijo de Federico García Rodríguez y VicentaLorca Romero. Será el mayor de cuatro hermanos: Francisco, Conchae Isabel.1908.
Pasa unos meses en Almería, donde comienza sus estudios de bachillerato. En 1909 se traslada con su familia a vivir a Granada. Entre 1915-1917 realiza estudios de Filosofía y Letras y de Derecho en la Universidad de Granada. Traba amistad con el núcleo intelectual granadino (Melchor Fernández Almagro, Miguel Pizarro, Manuel Ángeles Ortiz, Ismael G. de la Serna, Angel Barrios,...).
Publica en Granada su primer libro Impresiones y Paisajes y escribe algunos poemas que aparecerán más tarde en su primer libro de versos, Libro de Poemas. 1919-1924
En 1919 se instala en la Residencia de Estudiante de Madrid, donde vivirá hasta 1928. En estos años conocerá a Luis Buñuel, Salvador Dalí, José Moreno Villa, Emilio Prados, Pedro Salinas, Pepín Bello
En 1920 se estrena en el Teatro Esclava de Madrid su obra El maleficio de la Mariposa que supone un total fracaso. Se matricula en la Facultad de Filosofía y Letras.
En 1921 escribe la casi totalidad del Poema del Cante Jondo. En junio se licencia en Derecho por la Universidad de Granada.
En 1927 publica el libro Canciones. La compañía de Margarita Xirgu estrena Mariana Pineda en el Teatro Goya de Barcelona.
En Diciembre de 1927 el Ateneo de Sevilla, en ocasión del Homenaje a Góngora, organiza una lectura de Federico García Lorca, Dámaso Alonso, Jorge Guillén, Gerardo Diego, Juan Chabás, José Bargamín y Rafael Alberti. Conoce a Luis Cernuda y Joaquín Romero Murube.
En 1928 un grupo de intelectuales granadinos, dirigidos por Federico García Lorca, funda la revista Gallo, de la que se publicarán dos números. Publica en la Revista de Occidente su primer Romancero Gitano. Publica, de modo parcial, la Oda al Santísimo Sacramento del Altar.
En 1929 sale para los Estados unidos, vía París-Londres, en Compañía de Fernando de los Ríos, arriba a Nueva York. Se matricula en la Universidad de Columbia. Frecuenta teatros, cines, museos y se apasiona por el jazz. Veranea en Vermont, huésped de Philip Cummings, y luego en Catskill mountains, con Angel del Río. De vuelta a Nueva York se instala en el John Jay Hall de la Universidad de Columbia, donde permanecerá hasta enero de 1930. Comienza a trabajar en lo que será Poeta en Nueva York. El torero Ignacio Sánchez Mejías y la cantante La Argentinita le visitan en Nueva York Invitado por la Institución Hispano-Cubana de Cultura marcha a La Habana, donde pronuncia varias conferencias. Estrena en Madrid la versión breve de La Zapatera prodigiosa. En 1931 publica algunos poemas de Poeta en Nueva York.
Escribe Bodas de Sangre que se estrena en 1933, en el teatro Beatriz de Madrid, y de Amor de Don Perlimplín en el español. Se publica en Méjico la Oda de Walt Whitman.1933-1934 Triunfal estancia en Argentina y Uruguay. En Buenos Aires da conferencias y asiste a las clamorosas representaciones de Mariana Pineda, Bodas de Sangre y la Zapatera prodigiosa. Conoce a Pablo Neruda. Regresa a España en el mes de Mayo. Muere en la plaza de toros de Manzanares, Cuidad Real, su amigo el toreo Ignacio Sánchez Mejías.
Estreno triunfal de Yerma en Madrid por la compañía de Margarita Xirgu. 1935 Publica el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías. Trabaja en Doña Rosita la Soltera o el Lenguaje de las Flores. Estancia en Barcelona, donde da conferencias y asiste a las representaciones de Yerma y Bodas de sangre. En 1936 concluye La Casa de Bernarda Alba, que no se representa hasta 1945. En Buenos Aires. participa en un homenaje a Luis Cernuda.
El 13 de julio, sale de Madrid hacia Granada. El 18 de julio se produce un alzamiento militar contra el Gobierno de la República. El 16 de agosto es detenido y 19 es asesinado en Víznar (Granada). Deja inédita e inconclusa una numerosa obra. No se sabe donde fue enterrado su cuerpo.





Opinión de Lorca sobre su propio teatro (selección de comentarios del autor de diversas

fuentes)

* Yo he abrazado el teatro porque siento la necesidad de la expresión en la forma dramática. Pero por eso no abandono el cultivo de la poesía pura, aunque ésta igual puede estar en la pieza teatral que en el mero poema.


* Sé muy bien cómo se hace el teatro semiintelectual, pero eso no tiene importancia. En nuestra época, el poeta ha de abrirse las venas para los demás.


* Hay que desterrar de una vez todas esas cantinelas ineptas de que el teatro no es literatura, y tantas cosas. No es más ni menos que literatura.


* Hay que presentar la fiesta del cuerpo desde la punta de los pies, en danza, hasta la punta de los cabellos, todo presidido por la mirada, intérprete de lo que va por dentro, todo presidido por la mirada, intérprete de lo que va por dentro. El cuerpo, su armonía, su ritmo, han sido olvidados por esos señores que plantan en la escena ceñudos personajes, sentados con la barba en la mano y metiendo miedo desde que se les ve. Hay que revalorizar el cuerpo en el espectáculo. A eso tiendo.


* Escribir para el piso principal es lo más triste del mundo. El público que va a ver cosas queda defraudado. Y el público virgen, el público ingenuo, que es el pueblo, no comprende cómo se le habla de problemas despreciados por él en los patios de vecindad.


* Y, para terminar, un fragmento de una carta escrita en 1922 a Adolfo Salazar, sobre el teatro de guiñol: “… Esta mañana se presenta Falla en mi casa y me dice que la idea que yo tenía de hacer un teatro de Cachiporra es menester llevarla a cabo, y me dice que lo diga para animarte a terminar el Cristóbal, que yo ya veo como el primer episodio del Cachiporra, Falla se compromete a hacer música…, para otras cosas, y asegura que don Igor Strawinsky y Ravel harán inmediatamente cosas. Manuelito piensa, si hacemos esto, recorrer Europa y América con nuestro teatro de muñecos, que se llamaría así. Los títeres de Cachiporra de Granada… Falla está tan entusiasmado que anoche no durmió pensando en las instrumentaciones que hará para el Cachiporra, y yo te llamo la atención para que arremetas con nuestro Cristóbal, que será lo primero que pongamos en la inauguración de los Títeres españoles”.
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Recursos: el Teatro

El teatro: discurso y hecho teatral

El teatro : algunas precisiones


A diferencia del texto narrativo, ensayístico o poético, el discurso teatral está destinado a la representación. Y esto se evidencia de manera clara en las características peculiares del entramado de su escritura donde conviven, por lo general, dos tipos de discursos : el parlamento de los personajes y las notaciones o acotaciones escénicas.

Si bien es posible leer en silencio una pieza dramática o hacer teatro leído, de alguna manera el o los que leen, construyen para sí, y para su potencial auditorio, una puesta en escena virtual de esa obra a través de la imaginación : las palabras evocan movimientos, tonos de voz, espacios escénicos, vestuario, etc.

De lo expresado se desprende el carácter específico de lo que se podría denominar “fenómeno teatral” ya que se trata de algo más que de un género del discurso lingüístico. El teatro, en efecto, puede ser considerado un conjunto múltiple de signos que se desenvuelven en distintos niveles. Por su carácter complejo, cubre un panorama heterogéneo y plural de hechos con distinto nivel comunicativo : procesos culturales y significativos, relaciones entre la representación y el público de tipo interactivo, hechos emocionales y psicofísicos, función social y política (baste recordar lo que significó como acontecimiento cultural y político Teatro abierto, 1981, en pleno Proceso de Reorganización Nacional). Por ello es necesario diferenciar bien los objetos de estudio : una cosa es el texto teatral y otra cosa el teatro o hecho teatral.



El hecho teatral

Es necesario saber con claridad a qué nos referimos cuando hablamos de teatro, pues esté fenómeno puede ser definido desde su desarrollo histórico y como proceso de comunicación con finalidad estética.

El origen del teatro en todas las culturas está asociado a la religión, pues tanto en China, como en Egipto, Grecia y la Edad Media, por dar solo algunos ejemplos, la representación dramática surge como una consecuencia lógica de los rituales religiosos, que paulatinamente se va desarrollando hacia ámbitos profanos y de total autonomía, con respeto a esa primera función religiosa.

Conocido es el nacimiento de la tragedia a partir de las fiestas dedicadas al dios Dionisos, Grandes Dionisíacas, a partir de la transformación de los cánticos (ditirambos), que entonaba y bailaba el coro de sacerdotes (faunos y bacantes), durante las procesiones, relatando el origen y la muerte del dios. Justamente, el término que designa a este género (tragoedia) significa canción del macho cabrío, animal simbólico con el cual se representaba al dios y que era sacrificado y devorado por sacerdotes y sacerdotisas hacia el final de la celebración dando comienzo a la orgía con la cual ésta terminaba.

Desde una persspectiva descriptiva el hecho teatral se caracteriza puesta en relación de cuatro factores clave : el texto teatral, el director, el actor y el público.

Si bien el texto es por lo general el punto de partida de la representación y el soporte de la acción dramática, siempre hay un momento en que el hecho teatral se produce, por definición, cuando actor y espectador se encuentran . La representación teatral es clave ya que un texto es una pieza dramática por su potencialidad de funcionar sobre escena, mediatizado por la puesta del director y la escenificación de los actores.


El texto teatral y sus signos

El texto dramático, compuesto por una trama en la que conviven el diálogo, la descripción, la argumentación y la narración, desde el punto de vista de la comunicación, está configurado por dos categorías sígnicas :

1. el texto propiamente dicho, constituido por los parlamentos de los personajes (texto primero) : signos primarios

2. las notaciones o acotaciones escénicas (texto segundo) : signos secundarios

Ambos textos de carácter lingüístico sufren cambios cuando la obra se pone en escena, en el ámbito teatral. El parlamento de los personajes se transforma en palabra dicha, tono y se acompaña de signos no lingüísticos : gestos, mímica, movimientos. Las acotaciones, por su parte se transforman en decorado, iluminación, vestuario, efectos sonoros, y otros.
Cuando se pretende realizar el análisis de un pieza teatral en tanto texto, es necesario tener en cuenta esta peculiaridad del género, aún cuando muchos aspectos se encuentren de modo virtual o potencial.

Los signos teatrales secundarios, o acotaciones, pueden ser clasificados en dos categorías :
· signos secundarios cuya puesta en acto escénica se realiza fuera del actor :

a) concernientes al espacio escénico : accesorios, decorado, iluminación.
b) efectos sonoros : música, sonidos, ruidos .

· signos secundarios cuya realización se da en el actor :

a) tono
b) quinésica (mímica, ademanes, desplazamiento)
c) composición exterior del personaje (vestuario, maquillaje, peinado)


Todos estos signos que aparecen referidos a través de enunciados lingüísticos (acotaciones escénicas) deben ser tenidos en cuenta desde sus aspectos denotativos y connotativos. La sobreabundancia e hipercodificación típica del teatro realista y naturalista, la casi inexistencia de referencias en el teatro del absurdo, su carácter simbólico en el teatro expresionista, son datos que no se pueden dejar de lado a la hora de asignarles un sentido en la interpretación del texto, pues están en estrecha relación con los signos primarios (parlamentos) y los refuerzan o contradicen.
En ocasiones, las notaciones escénicas funcionan como marca de género (farsa, drama, comedia, etc.) o subrayan el carácter lírico, humorístico, paródico de una obra.

La acción y la intriga en el discurso teatral

Desde el punto de vista del contenido del discurso dramático, se puede observar que este está estructurado por el desarrollo de una acción, ya, al igual que en la narrativa, su lenguaje se refiere a sucesos que deberán, luego, representarse en escena mediante una trama determinada a la que se denomina intriga.
La acción es abstracta ya que es un esquema dinámico de acontecimientos que da sentido y organiza el proceso dramático. La intriga es la manifestación concreta de la acción en todos sus detalles y su complejidad.
La acción puede sintetizarse en pocas palabras, en este sentido tiene un carácter macroestructural, y se puede esquematizar a través de núcleos , tal como se hace con la narración. Toda acción entraña un conflicto que se presenta, alcanza su clímax, punto culminantes, y se resuelve en los diversos actos en que se divide la pieza teatral. La intriga o trama está constituida por el entretejido de peripecias : complicaciones, retardamientos, giros inesperados, aceleración de los sucesos a través de los que se concreta la acción. Existen intrigas donde predomina la complicación (la comedia de enredos o el vaudeville) y otras más lineales como la tragedia griega, que se encaminan de manera unitaria y lineal hacia el desenlace.
Dentro de la intriga se reconocen dos tipos de funciones :
· las situaciones, marcadas por la entrada y salida de personajes (escena) y/o el cambio de decorado (cuadro). Las situaciones diversas se encadenan en secuencias, entre las cuales debemos distinguir aquellas que son determinantes para el desarrollo de la acción (núcleos) de aquellas que sólo actúan de relleno (catálisis).
1. Signos primarios : constituido por el texto primero propiamente dicho, es decir , por los parlamentos de los personajes

2. Signos secundarios : son las notaciones o acotaciones escénicas que se denominan, también, texto segundo.

Ambos textos, de carácter lingüístico, sufren cambios cuando la obra se pone en escena, en el ámbito teatral. El parlamento de los personajes se transforma en palabra dicha, tonos, etc. y se acompaña de signos no lingüísticos : gestos, mímica, movimientos. Las acotaciones, por su parte, se transforman en decorado, iluminación, vestuario, efectos sonoros, y demás.
Cuando se pretende analizar un pieza teatral, en tanto texto, es necesario tener en cuenta esta peculiaridad del género, es decir su carácter de obra destinada a la representación, aún cuando muchos aspectos se encuentren en ella de modo virtual o potencial, y solo se hagan realidad en el momento en que se pone en escena.

Signos secundarios o acotaciones escénicas

Las notaciones escénicas pueden ser clasificados en dos categorías :
a) signos secundarios cuya puesta en acto escénica se realiza fuera del actor :

· signos secundarios concernientes al espacio escénico : accesorios, decorado, iluminación.
· efectos sonoros : música, sonidos, ruidos .

b) signos secundarios cuya realización se da en el actor :

· tono
· mímica, ademanes, desplazamientos
· composición exterior del personaje (vestuario, maquillaje, peinado)


Todos estos signos, que aparecen referidos a través de enunciados lingüísticos (acotaciones escénicas), deben ser tenidos en cuenta desde sus aspectos literales y simbólicos. Por ejemplo, la sobreabundancia típica del teatro realista y naturalista, la casi inexistencia de referencias en el teatro del absurdo, el carácter metafórico que toman en el teatro expresionista, etc., son datos que no se pueden dejar de lado a la hora de asignarles un sentido en la interpretación del texto, pues están en estrecha relación con los signos primarios (parlamentos) y los refuerzan o contradicen.
En ocasiones, las notaciones escénicas funcionan como marca de género (farsa, drama, comedia, etc.) o subrayan el carácter lírico, humorístico, paródico de una obra.


La acción y la intriga en el discurso teatral

Desde el punto de vista del contenido del discurso dramático, se puede observar que este se encuentra estructurado por el desarrollo de una acción, ya que, al igual que en la narrativa, su lenguaje se refiere a sucesos que se producen y deberán, luego, representarse en escena mediante una trama determinada a la que se denomina intriga.
La acción, como la historia en el relato, es abstracta ya que es un esquema dinámico de acontecimientos que da sentido y organiza el proceso dramático. La intriga es la manifestación concreta de la acción en todos sus detalles y su complejidad.
La acción puede sintetizarse en pocas palabras, en este sentido tiene un carácter macroestructural, y se puede esquematizar a través de núcleos , tal como se hace con la narración. Toda acción entraña un conflicto que se presenta, alcanza su clímax (punto de máxima tensión dramática), y se resuelve (desenalce) en los diversos actos en que se divide la pieza teatral.
La intriga o trama está constituida por el entretejido de peripecias : complicaciones, retardamientos, giros inesperados, aceleración de los sucesos, etc., a través de los que se concreta la acción. Existen intrigas donde predomina la complicación (la comedia de enredos o el vaudeville francés) y otras más lineales, como la tragedia griega, que se encaminan de manera unitaria y directa hacia el desenlace.
Dentro de la intriga se reconocen dos tipos de elementos :
· las situaciones, marcadas por la entrada y salida de personajes (escenas) y/o el cambio de decorado (cuadros). Las diferentes situaciones, por su parte, se encadenan en secuencias, entre las se distinguen aquellas que son determinantes para el desarrollo de la acción (núcleos) de las que sólo actúan de relleno (catálisis).

· los personajes, que debe estudiarse en relación a su función* dentro de la acción, es decir observando si actúan como protagonistas, antagonistas, centro o resorte de la misma ; a las relaciones que mantienen entre sí y a los indicadores o índices (cf. módulo 3) a través del los cuales se pueden determinar sus carácterísticas (parlamentos, movimientos, vestuario, tono de voz, etc.)
En este último nivel (personajes) se puede trabajar, también, con el esquema actancial de Greimas que divide las funciones de los personajes en Sujeto, Objeto, Dador, Beneficiario, Opositor y Ayudante.


De: Alicia Montes. Los juegos del lenguaje, Buenos Aires, Kapelusz Editora, 2000
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domingo, 18 de enero de 2009

Etapas en el Teatro universal

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Roberto Arlt - Saverio el Cruel

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Roberto Arlt - Saverio el Cruel

Presentacionde Roberto Arlt
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viernes, 16 de enero de 2009

La Casa de Bernarda Alba

La Casa de Bernarda Alba
de Federico García Lorca

Análisis de la obra: Powerpoint

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sábado, 30 de agosto de 2008

El Teatro - Guía de análisis de una obra

AnáLisis De Texto Teatral
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lunes, 4 de agosto de 2008

Recursos: Existencialismo - Durrenmatt

Friedrich Dürrenmatt

Más información sobre su vida y su obra: aquí

Crítica 1 de "El Cultural": aquí

Crítica 2 de "El Mundo": aquí

Crítica 3 de "El País": aquí

F. Durrenmatt "La voz de un humorismo cínico": aquí


Friedrich Durrenmatt(Suiza, 1921-1990)
Biografía

Escritor suizo de obras de teatro vanguardistas y novelas policiacas existencialistas. Hijo de un clérigo, nació en Konolfingen y estudió en las universidades de Zúrich y Berna. Sus primeras obras de teatro, entre las que se encuentran
Essteht geschrieben (1947), que trata sobre los anabaptistas monasterienses del siglo XVI, y Rómulo el Grande (1949), que analiza la caída de Roma, conjugan la ironía y el absurdo con la violencia y lo grotesco. Sus obras de teatro más conocidas, La visita de la vieja dama (1956) y Los físicos (1961), tratan sobre la justicia, la culpa, la venganza y la impotencia del individuo en la sociedad de masas. La visita de la vieja dama fue transformada en ópera (1971) por Gottfried von Einem y posteriormente llevada al cine con el título de La visita del rencor, película dirigida por Bernard Wicki e interpretada por Ingrid Bergman y Anthony Quinn. (http://www.decine21.com/Peliculas/La-visita-del-rencor-)10412.asp?id=10412

En la literatura de los años cincuenta y sesenta se fue decantando visiblemente una corriente en la cual el modo mismo de encarar el pasado reciente se convirtió en un tema literario. En muchas obras de aquellos años la crítica del “milagro económico” de la posguerra se conjuga con el ansia de reconstrucción de los hechos del pasado. La obsesiva concentración en la rápida recuperación de un renovado bienestar material se interpreta a menudo como elusión de la responsabilidad por lo sucedido en la época nazi. En esta línea se inscriben por ejemplo las piezas de teatro y obras en prosa de los autores suizos Friedrich Dürrenmatt y Max Frisch.

El teatro de Dürrenmatt se caracteriza en lo formal por el juego con la ironía, el absurdo, lo grotesco y la violencia, mientras entre sus temas preferidos sobresalen la culpa, la justicia y la compleja relación entre el individuo y la sociedad vista con frecuencia desde el punto de vista de la indefensión del primero en medio de la segunda, entendida a su vez como “sociedad de masas .
Apartado de cualquier adscripción ideológica, su teatro refleja un mundo donde la tragedia del individuo se ve privada de sentido por las necesidades materialistas de una sociedad de masas. La contradicción entre el discurso de las instituciones (políticas, religiosas) y sus actos es su tema recurrente. Algunos comentarios irónicos sobre su país: Suiza tiene algo grotesco en su carácter -declaró alguna vez-; sus intentos de constante neutralidad se parecen a los de una virgen ganándose la vida en un burdel que pretende, además, permanecer casta No dudo de la necesidad del Estado; dudo de que nuestro Estado sea necesario.
En su ensayo, Problemas teatrales, donde se desarrolla la teoría dramática de Friedrich Dürrenmatt, expresa (1961, 42-43):

Nuestro mundo ha llevado tanto a lo grotesco como a la bomba atómica, así como los cuadros apocalípticos de Hieronymus Bosch también son grotescos. Pero lo grotesco no es más que una expresión sensual, una paradoja sensible, a saber, la forma de una cosa informe, la cara de un mundo sin cara [...]
Sigue siendo posible, sin embargo, lo trágico, aunque no así la tragedia pura. Podemos obtener lo trágico por medio de la comedia, producirlo como un momento espantoso, como un abismo que se abre[...] Parece imponerse la conclusión de que la comedia es la manifestación de la desesperación.


Jan Kott (1965), profesor de la universidad de Varsovia, para fijar su posición sobre La visita de la anciana dama señala que no ve en Ill un héroe tragico, ni en Clara Zachanassian una diosa, aunque algunos la consideran una Némesis, la diosa de la venganza. Ella apenas existe físicamente. Es casi enteramente artificial. Parece un símbolo de deshumanización. La frialdad y firmeza con que pretende conseguir su objetivo lo corroboran. El rencor y el odio tenaz que un día la movieron a fijar en la venganza la finalidad de su vida, se ha convertido ahora en una convicción de justicia, concebida como un absoluto. Convicción que servirá de coartada a los güllenses y pone en tela de juicio toda actitud represora que justifica el derecho.
Retomando la opinión de Jan Kott, como él dice, "Ille y los güllenses se encuentran en una situación en la que no cabe lo trágico, en la que sólo hay lugar para lo grotesco". Parte para esta conclusión de la paradoja de Maurice Regnant: "La ausencia de tragedia en un mundo trágico da lugar al teatro cómico".
En este sentido ya se había expresado Ionesco (1965) en Notas y contranotas, haciendo referencia a su propio teatro. Lo grotesco quedará latente y patente en el texto de Dürrenmatt. El texto resalta el carácter grotesco de lo trágico, de la situación del hombre vulgar ante el poder de lo absoluto.

Frente a una imagen mezquina e inhumana del hombre egoísta y encerrado en sus propios intereses, que se mueve con el horizonte limitado de una sociedad tecnocrática, este autor impuso, pues, una exigencia definidamente existencialista de "autenticidad". La busca del hombre auténtico que se oculta tras el inauténtico, característica no sólo del existencialismo de Kierkegaard, Jaspers y Heidegger, sino también de la filosofía de Pascal y Nietzche. Dürrenmatt se propuso desenmascarar las virtudes burguesas y la falsedad de la rectitud suiza (paìs siempre neutral que administra secretamente el dinero de los explotadores o asesinos), para poner en evidencia la hipocresía y la debilidad moral. Las armas que utilizó fueron la sátira y la ironía. Si bien su obra dramática puede ser definida como un teatro de "concientización" que logra impactar a la más impasible de las audiencias, en el fondo se podía percibir que Dürrenmatt fue un moralista que utilizó lo macabro y lo grotesco. En más de una ocasión declaró que "no escribía para cambiar el mundo. Nunca podría escribir si tuviese esas gigantescas intenciones. Cuando me siento en mi escritorio pienso sólo en la historia que trato de escribir. Nunca pienso en su significado. Lo dejo para más tarde, cuando tengo más tiempo". En ese tener más tiempo, Dürrenmatt no percibió la tendencia hacia el pesimismo. "La gente dice que soy un cínico -declaró en una oportunidad-, porque muestro las cosas desagradables y graciosas al mismo tiempo. Pero trato de mostrar el mundo cual es".

Entre sus últimas obras de teatro cabe destacar Retrato de un planeta (1971) y la comedia Achterloo (1983). De sus populares novelas policiacas sobresalen El juez y su verdugo (1952), La presa (1953), y El compromiso (1958).

Pintura expresionista



James Ensor, Intrigue, 1911





E.Munch, El grito



Introducción
El siglo XX llegó acompañado de un gran número de inventos en el ámbito técnico e industrial así como de nuevos conocimientos decisivos en las ciencias humanísticas y naturales. La teoría de la relatividad de Einstein, el psicoanálisis de Freud, el descubrimiento de los rayos x o bien la primera fisión nuclear, obligaron al hombre a pensar de una forma diferente, más abstracta. Los nuevos conocimientos pusieron de manifiesto que detrás de la realidad se esconde mucho más de lo que puede percibirse mediante el sentido de la vista (una clara ruptura con los preceptos impresionistas)
Esta situación se acentuó a causa de los cambios que se produjeron en la propia percepción de los sentidos, puesto que la invención del automóvil, del telégrafo, del avión y de muchas otras cosas, dieron a la rapidez y al tiempo una nueva dimensión que requería de percepciones mucho más aceleradas.
Sin embargo, todos estos cambios no fueron aceptados con tanta euforia por la joven generación de artistas como en su día lo hicieron los impresionistas. La cara oculta de la modernización (alienación, aislamiento y masificación) quedó al alcance de la vista, sobre todo en las metrópolis. Los artistas, en su función de apasionados reformadores del mundo que deseaban derrocar el orden establecido, buscaban "un arte nuevo para un mundo nuevo". Cuadros cargados de emoción debían captar los sentimientos más íntimos del ser humano...


Influencias del expresionismo
Los movimientos expresionistas fueron desarrollados principalmente en Alemania, un país socialmente desazonado en ese entonces. De innumerables ramificaciones y matices, tomaron influencias de la pintura de los post-impresionistas Vincent Van Gogh y Paul Gauguin, cargada de sentimientos y concepciones en su utilización expresiva del color y la gestualidad del trazo.
Otro grupo de gran influencia para los expresionistas es el simbolismo, que se extiende entre 1880 y 1900. No se desarrolla mediante un estilo unitario, pero puede definirse como un búsqueda en la cual el artista, limitando una pintura objetiva, concreta los sentimientos, los estados del alma, los miedos subjetivos, las fantasías y los sueños.
Las obras de James Ensor y Edvard Munch muestran, con un idioma simbólico expresivo pasado por encima de la materialidad, relaciones místicas, religiosas o psicológicas. Ensor, mediante la utilización de colores incandescentes, pinta desfiles fantasmales de enmascarados y de personajes caricaturescos; recreando la oposición hostil del individuo y la masa. La máscara, el leitmotiv de toda la obra de Ensor se convierte en la expresión de lo amenazador y desconocido.
El expresionismo en la obra del noruego Munch, se evidencia en sus representaciones del miedo, la desesperación, la sexualidad atormentada, los celos y la morbosidad. Todos estos son temas que Munch representó para "liberarse a sí mismo de los demonios". Aunque el grito sea la expresión pictórica de un sentimiento de miedo personal mientras paseaba con un amigo, Munch logra expresar en este cuadro el desfallecimiento del hombre ante una realidad cada vez más compleja y confusa.
Los expresionistas también encontraron la fuerza expresiva que buscaban en el arte de otras culturas. Las esculturas y máscaras de África y Oceanía, de clara descendencia primitivista, representaron para los artistas europeos una valiosa fuente de inspiración.



El grotesco

Francis Bacon

La palabra Grotesco deriva del italiano grottesco (de las grutas) y designa, en arquitectura, al estilo o adorno que imita la aspereza de las rocas.
En teatro el primero en usar este término fue el dramaturgo italiano Luigi Pirandello. Calificó así su propio estilo teatral que refleja una realidad entre cómica y trágica. Está será la característica central del género: una realidad trágica construida a partir de un humor ácido, negro, absurdo. Tiene especial parentesco con el denominado Esperpento, estética teatral del español Ramón del Valle Inclán en la que el mundo es visto en un espejo deformante que acentúa sus rasgos y permite ver de modo hiperbólico la realidad cotidiana y sus aspectos siniestros.
En el
Río de la Plata (Argentina y Uruguay) se llama del mismo modo al teatro derivado del sainete y el vodevil. El primero es a su vez un tipo de representación de comienzos del siglo XX que muestra la vida de los inmigrantes en los inquilinatos (conventillos), con pinceladas caricaturescas Estos personajes se hacinaban cuartos baratos que generalmente compartían un patio. Algunos de los autores de sainetes eran sin embargo hijos de esos inmigrantes.
En la década de los
años '20, el dramaturgo Armando Discépolo introdujo un giro dramático y sombrío en el enfoque del sainete y creó lo que él mismo llamó "grotesco criollo". Las obras Mustafá, Giácomo, Babilonia, Stéfano, Cremona y Relojero, estrenadas entre 1921 y 1934, son tragicomedias representativas de una dramaturgia que influyó en autores posteriores, como Roberto Cossa, Osvaldo Dragún, Carlos Gorostiza y Griselda Gambaro.


Sartre: El existencialismo es un humanismo




Quisiera defender aquí el existencialismo de una serie de reproches que se le han formulado.En primer lugar, se le ha reprochado el invitar a las gentes a permanecer en un quietismo de desesperación, porque si todas las soluciones están cerradas, habría que considerar que la acción en este mundo es totalmente imposible y desembocar finalmente en una filosofía contemplativa, lo que además, dado que la contemplación es un lujo, nos conduce a una filosofía burguesa. éstos son sobre todo los reproches de los comunistas.Se nos ha reprochado, por otra parte, que subrayamos la ignominia humana, que mostramos en todas las cosas lo sórdido, lo turbio, lo viscoso, y que desatendemos cierto número de bellezas risueñas, el lado luminoso de la naturaleza humana; por ejemplo, según Mlle. Mercier, crítica católica, que hemos olvidado la sonrisa del niño. Los unos y los otros nos reprochaban que hemos faltado a la solidaridad humana, que consideramos que el hombre está aislado, en gran parte, además, porque partimos —dicen los comunistas— de la subjetividad pura, por lo tanto del “yo pienso” cartesiano, y por lo tanto del momento en que el hombre se capta en su soledad, lo que nos haría incapaces, en consecuencia, de volver a la solidaridad con los hombres que están fuera del yo, y que no puedo captar en el cogito.Y del lado cristiano, se nos reprocha que negamos la realidad y la seriedad de las empresas humanas, puesto que si suprimimos los mandamientos de Dios y los valores inscritos en la eternidad, no queda más que la estricta gratuidad, pudiendo cada uno hacer lo que quiere y siendo incapaz, desde su punto de vista, de condenar los puntos de vista y los actos de los demás.A estos diferentes reproches trato de responder hoy; por eso he titulado esta pequeña exposición: El existencialismo es un humanismo. Muchos podrán extrañarse de que se hable aquí de humanismo. Trataremos de ver en qué sentido lo entendemos. En todo caso, lo que podemos decir desde el principio es que entendemos por existencialismo una doctrina que hace posible la vida humana y que, por otra parte, declara que toda verdad y toda acción implica un medio y una subjetividad humana. El reproche esencial que nos hacen, como se sabe, es que ponemos el acento en el lado malo de la vida humana. Una señora de la que me acaban de hablar, cuando por nerviosidad deja escapar una palabra vulgar, dice excusándose: creo que me estoy poniendo existencialista. En consecuencia, se asimila fealdad a existencialismo; por eso se declara que somos naturalistas; y si lo somos, resulta extraño que asustemos, que escandalicemos mucho más de lo que el naturalismo propiamente dicho asusta e indigna hoy día. Hay quien se traga perfectamente una novela de Zola como La tierra, y no puede leer sin asco una novela existencialista; hay quien utiliza la sabiduría de los pueblos —que es bien triste— y nos encuentra más tristes todavía. No obstante, ¿hay algo más desengañado que decir “la caridad bien entendida empieza por casa”, o bien “al villano con la vara del avellano”? Conocemos los lugares comunes que se pueden utilizar en este punto y que muestran siempre la misma cosa: no hay que luchar contra los poderes establecidos, no hay que luchar contra la fuerza, no hay que pretender salir de la propia condición, toda acción que no se inserta en una tradición es romanticismo, toda tentativa que no se apoya en una experiencia probada está condenada al fracaso; y la experiencia muestra que los hombres van siempre hacia lo bajo, que se necesitan cuerpos sólidos para mantenerlos: si no, tenemos la anarquía. Sin embargo, son las gentes que repiten estos tristes proverbios, las gentes que dicen: “qué humano” cada vez que se les muestra un acto más o menos repugnante, las gentes que se alimentan de canciones realistas, son ésas las gentes que reprochan al existencialismo ser demasiado sombrío, y a tal punto que me pregunto si el cargo que le hacen es, no de pesimismo, sino más bien de optimismo. En el fondo, lo que asusta en la doctrina que voy a tratar de exponer ¿no es el hecho de que deja una posibilidad de elección al hombre? Para saberlo, es necesario que volvamos a examinar la cuestión en un plano estrictamente filosófico. ¿A qué se llama existencialismo?La mayoría de los que utilizan esta palabra se sentirían muy incómodos para justificarla, porque hoy día que se ha vuelto una moda, no hay dificultad en declarar que un músico o que un pintor es existencialista. Un articulista de Clartés firma El existencialista; y en el fondo, la palabra ha tomado hoy tal amplitud y tal extensión que ya no significa absolutamente nada. Parece que, a falta de una doctrina de vanguardia análoga al superrealismo, la gente ávida de escándalo y de movimiento se dirige a esta filosofía, que, por otra parte, no les puede aportar nada en este dominio; en realidad, es la doctrina menos escandalosa, la más austera; está destinada estrictamente a los técnicos y filósofos. Sin embargo, se puede definir fácilmente. Lo que complica las cosas es que hay dos especies de existencialistas: los primeros, que son cristianos, entre los cuales yo colocaría a Jaspers y a Gabriel Marcel, de confesión católica; y, por otra parte, los existencialistas ateos, entre los cuales hay que colocar a Heidegger, y también a los existencialistas franceses y a mí mismo. Lo que tienen en común es simplemente que consideran que la existencia precede a la esencia, o, si se prefiere, que hay que partir de la subjetividad. ¿Qué significa esto a punto fijo?Consideremos un objeto fabricado, por ejemplo un libro o un cortapapel. Este objeto ha sido fabricado por un artesano que se ha inspirado en un concepto; se ha referido al concepto de cortapapel, e igualmente a una técnica de producción previa que forma parte del concepto, y que en el fondo es una receta. Así, el cortapapel es a la vez un objeto que se produce de cierta manera y que, por otra parte, tiene una utilidad definida, y no se puede suponer un hombre que produjera un cortapapel sin saber para qué va a servir ese objeto. Diríamos entonces que en el caso del cortapapel, la esencia —es decir, el conjunto de recetas y de cualidades que permiten producirlo y definirlo— precede a la existencia; y así está determinada la presencia frente a mí de tal o cual cortapapel, de tal o cual libro. Tenemos aquí, pues, una visión técnica del mundo, en la cual se puede decir que la producción precede a la existencia.Al concebir un Dios creador, este Dios se asimila la mayoría de las veces a un artesano superior; y cualquiera que sea la doctrina que consideremos, trátese de una doctrina como la de Descartes o como la de Leibniz, admitimos siempre que la voluntad sigue más o menos al entendimiento, o por lo menos lo acompaña, y que Dios, cuando crea, sabe con precisión lo que crea. Así el concepto de hombre, en el espíritu de Dios, es asimilable al concepto de cortapapel en el espíritu del industrial; y Dios produce al hombre siguiendo técnicas y una concepción, exactamente como el artesano fabrica un cortapapel siguiendo una definición y una técnica. Así, el hombre individual realiza cierto concepto que está en el entendimiento divino. En el siglo XVIII, en el ateísmo de los filósofos, la noción de Dios es suprimida, pero no pasa lo mismo con la idea de que la esencia precede a la existencia. Esta idea la encontramos un poco en todas partes: la encontramos en Diderot, en Voltaire y aun en Kant. El hombre es poseedor de una naturaleza humana; esta naturaleza humana, que es el concepto humano, se encuentra en todos los hombres, lo que significa que cada hombre es un ejemplo particular de un concepto universal, el hombre; en Kant resulta de esta universalidad que tanto el hombre de los bosques, el hombre de la naturaleza, como el burgués, están sujetos a la misma definición y poseen las mismas cualidades básicas. Así pues, aquí también la esencia del hombre precede a esa existencia histórica que encontramos en la naturaleza.El existencialismo ateo que yo represento es más coherente. Declara que si Dios no existe, hay por lo menos un ser en el que la existencia precede a la esencia, un ser que existe antes de poder ser definido por ningún concepto, y que este ser es el hombre, o como dice Heidegger, la realidad humana. ¿Qué significa aquí que la existencia precede a la esencia? Significa que el hombre empieza por existir, se encuentra, surge en el mundo, y que después se define. El hombre, tal como lo concibe el existencialista, si no es definible, es porque empieza por no ser nada. Sólo será después, y será tal como se haya hecho. Así, pues, no hay naturaleza humana, porque no hay Dios para concebirla.El hombre es el único que no sólo es tal como él se concibe, sino tal como él se quiere, y como se concibe después de la existencia, como se quiere después de este impulso hacia la existencia; el hombre no es otra cosa que lo que él se hace. Éste es el primer principio del existencialismo. Es también lo que se llama la subjetividad, que se nos echa en cara bajo ese nombre. Pero ¿qué queremos decir con esto sino que el hombre tiene una dignidad mayor que la piedra o la mesa? Pues queremos decir que el hombre empieza por existir, es decir, que empieza por ser algo que se lanza hacia un porvenir, y que es consciente de proyectarse hacia el porvenir. El hombre es ante todo un proyecto que se vive subjetivamente, en lugar de ser un musgo, una podredumbre o una coliflor; nada existe previamente a este proyecto; nada hay en el cielo inteligible, y el hombre será, ante todo, lo que habrá proyectado ser. No lo que querrá ser. Pues lo que entendemos ordinariamente por querer es una decisión consciente, que para la mayoría de nosotros es posterior a lo que el hombre ha hecho de sí mismo. Yo puedo querer adherirme a un partido, escribir un libro, casarme; todo esto no es más que la manifestación de una elección más original, más espontánea que lo que se llama voluntad. Pero si verdaderamente la existencia precede a la esencia, el hombre es responsable de lo que es. Así, el primer paso del existencialismo es poner a todo hombre en posesión de lo que es, y asentar sobre él la responsabilidad total de su existencia. Y cuando decimos que el hombre es responsable de sí mismo, no queremos decir que el hombre es responsable de su estricta individualidad, sino que es responsable de todos los hombres. Hay dos sentidos de la palabra subjetivismo, y nuestros adversarios juegan con los dos sentidos. Subjetivismo, por una parte, quiere decir elección del sujeto individual por sí mismo, y por otra, imposibilidad para el hombre de sobrepasar la subjetividad humana. El segundo sentido es el sentido profundo del existencialismo. Cuando decimos que el hombre se elige, entendemos que cada uno de nosotros se elige, pero también queremos decir con esto que, al elegirse, elige a todos los hombres. En efecto, no hay ninguno de nuestros actos que, al crear al hombre que queremos ser, no cree al mismo tiempo una imagen del hombre tal como consideramos que debe ser. Elegir ser esto o aquello es afirmar al mismo tiempo el valor de lo que elegimos, porque nunca podemos elegir mal; lo que elegimos es siempre el bien, y nada puede ser bueno para nosotros sin serlo para todos. Si, por otra parte, la existencia precede a la esencia y nosotros quisiéramos existir al mismo tiempo que modelamos nuestra imagen, esta imagen es valedera para todos y para nuestra época entera. Así, nuestra responsabilidad es mucho mayor de lo que podríamos suponer, porque compromete a la humanidad entera. Si soy obrero, y elijo adherirme a un sindicato cristiano en lugar de ser comunista; si por esta adhesión quiero indicar que la resignación es en el fondo la solución que conviene al hombre, que el reino del hombre no está en la tierra, no comprometo solamente mi caso: quiero ser un resignado para todos; en consecuencia, mi proceder ha comprometido a la humanidad entera. Y si quiero —hecho más individual— casarme, tener hijos, aun si mi casamiento depende únicamente de mi situación, o de mi pasión, o de mi deseo, con esto no me encamino yo solamente, sino que encamino a la humanidad entera en la vía de la monogamia. Así soy responsable para mí mismo y para todos, y creo cierta imagen del hombre que yo elijo; eligiéndome, elijo al hombre.Esto permite comprender lo que se oculta bajo palabras un tanto grandilocuentes como angustia, desamparo, desesperación. Como verán ustedes, es sumamente sencillo. Ante todo, ¿qué se entiende por angustia? El existencialista suele declarar que el hombre es angustia. Esto significa que el hombre que se compromete y que se da cuenta de que es no sólo el que elige ser, sino también un legislador, que elige al mismo tiempo que a sí mismo a la humanidad entera, no puede escapar al sentimiento de su total y profunda responsabilidad. Ciertamente hay muchos que no están angustiados; pero nosotros pretendemos que se enmascaran su propia angustia, que la huyen; en verdad, muchos creen al obrar que sólo se comprometen a sí mismos, y cuando se les dice: pero ¿si todo el mundo procediera así? se encogen de hombros y contestan: no todo el mundo procede así. Pero en verdad hay que preguntarse siempre: ¿que sucedería si todo el mundo hiciera lo mismo? Y no se escapa uno de este pensamiento inquietante sino por una especie de mala fe. El que miente y se excusa declarando: todo el mundo no procede así, es alguien que no está bien con su conciencia, porque el hecho de mentir implica un valor universal atribuido a la mentira. Incluso cuando la angustia se enmascara, aparece. Es esta angustia la que Kierkegaard llamaba la angustia de Abraham. Conocen ustedes la historia: un ángel ha ordenado a Abraham sacrificar a su hijo; todo anda bien si es verdaderamente un ángel el que ha venido y le ha dicho: tú eres Abraham, sacrificarás a tu hijo. Pero cada cual puede preguntarse; ante todo, ¿es en verdad un ángel, y yo soy en verdad Abraham? ¿Quién me lo prueba? Había una loca que tenía alucinaciones: le hablaban por teléfono y le daban órdenes. El médico le preguntó: Pero ¿quién es el que habla? Ella contestó: Dice que es Dios. ¿Y qué es lo que le probaba, en efecto, que fuera Dios? Si un ángel viene a mí, ¿qué me prueba que es un ángel? Y si oigo voces, ¿qué me prueba que vienen del cielo y no del infierno, o del subconsciente, o de un estado patológico? ¿Quién prueba que se dirigen a mí? ¿Quién me prueba que soy yo el realmente señalado para imponer mi concepción del hombre y mi elección a la humanidad? No encontraré jamás ninguna prueba, ningún signo para convencerme de ello. Si una voz se dirige a mí, siempre seré yo quien decida que esta voz es la voz del ángel; si considero que tal o cual acto es bueno, soy yo el que elegiré decir que este acto es bueno y no malo. Nadie me designa para ser Abraham, y sin embargo estoy obligado a cada instante a hacer actos ejemplares. Todo ocurre como si, para todo hombre, toda la humanidad tuviera los ojos fijos en lo que hace y se ajustara a lo que hace. Y cada hombre debe decirse: ¿soy yo quien tiene derecho de obrar de tal manera que la humanidad se ajuste a mis actos? Y si no se dice esto es porque se enmascara su angustia. No se trata aquí de una angustia que conduzca al quietismo, a la inacción. Se trata de una simple angustia, que conocen todos los que han tenido responsabilidades. Cuando, por ejemplo, un jefe militar toma la responsabilidad de un ataque y envía cierto número de hombres a la muerte, elige hacerlo y elige él solo. Sin duda hay órdenes superiores, pero son demasiado amplias y se impone una interpretación que proviene de él, y de esta interpretación depende la vida de catorce o veinte hombres. No se puede dejar de tener, en la decisión que toma, cierta angustia. Todos los jefes conocen esta angustia. Esto no les impide obrar: al contrario, es la condición misma de su acción; porque esto supone que enfrentan una pluralidad de posibilidades, y cuando eligen una, se dan cuenta que sólo tiene valor porque ha sido la elegida. Y esta especie de angustia que es la que describe el existencialismo, veremos que se explica además por una responsabilidad directa frente a los otros hombres que compromete.No es una cortina que nos separa de la acción, sino que forma parte de la acción misma. Y cuando se habla de desamparo, expresión cara a Heidegger, queremos decir solamente que Dios no existe, y que de esto hay que sacar las últimas consecuencias. El existencialismo se opone decididamente a cierto tipo de moral laica que quisiera suprimir a Dios con el menor gasto posible. Cuando hacia 1880 algunos profesores franceses trataron de constituir una moral laica, dijeron más o menos esto: Dios es una hipótesis inútil y costosa, nosotros la suprimimos; pero es necesario, sin embargo, para que haya una moral, una sociedad, un mundo vigilado, que ciertos valores se tomen en serio y se consideren como existentes a priori; es necesario que sea obligatorio a priori que sea uno honrado, que no mienta, que no pegue a su mujer, que tenga hijos, etc., etc.… Haremos, por lo tanto, un pequeño trabajo que permitirá demostrar que estos valores existen, a pesar de todo, inscritos en un cielo inteligible, aunque, por otra parte, Dios no exista. Dicho en otra forma —y es, según creo yo, la tendencia de todo lo que se llama en Francia radicalismo—, nada se cambiará aunque Dios no exista; encontraremos las mismas normas de honradez, de progreso, de humanismo, y habremos hecho de Dios una hipótesis superada que morirá tranquilamente y por sí misma. El existencialista, por el contrario, piensa que es muy incómodo que Dios no exista, porque con él desaparece toda posibilidad de encontrar valores en un cielo inteligible; ya no se puede tener el bien a priori, porque no hay más conciencia infinita y perfecta para pensarlo; no está escrito en ninguna parte que el bien exista, que haya que ser honrado, que no haya que mentir; puesto que precisamente estamos en un plano donde solamente hay hombres. Dostoievsky escribe: “Si Dios no existiera, todo estaría permitido”. Este es el punto de partida del existencialismo. En efecto, todo está permitido si Dios no existe y, en consecuencia, el hombre está abandonado, porque no encuentra ni en sí ni fuera de sí una posibilidad de aferrarse. No encuentra ante todo excusas. Si, en efecto, la existencia precede a la esencia, no se podrá jamás explicar la referencia a una naturaleza humana dada y fija; dicho de otro modo, no hay determinismo, el hombre es libre, el hombre es libertad. Si, por otra parte, Dios no existe, no encontramos frente a nosotros valores u órdenes que legitimen nuestra conducta. Así, no tenemos ni detrás ni delante de nosotros, en el dominio luminoso de los valores, justificaciones o excusas. Estamos solos, sin excusas. Es lo que expresaré diciendo que el hombre está condenado a ser libre. Condenado, porque no se ha creado a sí mismo, y sin embargo, por otro lado, libre, porque una vez arrojado al mundo es responsable de todo lo que hace.El existencialista no cree en el poder de la pasión. No pensará nunca que una bella pasión es un torrente devastador que conduce fatalmente al hombre a ciertos actos y que por consecuencia es una excusa; piensa que el hombre es responsable de su pasión. El existencialista tampoco pensará que el hombre puede encontrar socorro en un signo dado sobre la tierra que lo oriente; porque piensa que el hombre descifra por sí mismo el signo como prefiere. Piensa, pues, que el hombre, sin ningún apoyo ni socorro, está condenado a cada instante a inventar al hombre. Ponge ha dicho, en un artículo muy hermoso: “el hombre es el porvenir del hombre”. Es perfectamente exacto. Sólo que si se entiende por esto que ese porvenir está inscrito en el cielo, que Dios lo ve, entonces es falso, pues ya no sería ni siquiera un porvenir. Si se entiende que, sea cual fuere el hombre que aparece, hay un porvenir por hacer, un porvenir virgen que lo espera, entonces es exacto. En tal caso está uno desamparado. Para dar un ejemplo que permita comprender mejor lo que es el desamparo, citaré el caso de uno de mis alumnos que me vino a ver en las siguientes circunstancias: su padre se había peleado con la madre y tendía al colaboracionismo; su hermano mayor había sido muerto en la ofensiva alemana de 1940, y este joven, con sentimientos un poco primitivos, pero generosos, quería vengarlo. Su madre vivía sola con él muy afligida por la semitraición del padre y por la muerte del hijo mayor, y su único consuelo era él. Este joven tenía, en ese momento, la elección de partir para Inglaterra y entrar en las Fuerzas francesas libres —es decir, abandonar a su madre— o bien de permanecer al lado de su madre, y ayudarla a vivir. Se daba cuenta perfectamente de que esta mujer sólo vivía para él y que su desaparición —y tal vez su muerte— la hundiría en la desesperación. También se daba cuenta de que en el fondo, concretamente, cada acto que llevaba a cabo con respecto a su madre tenía otro correspondiente en el sentido de que la ayudaba a vivir, mientras que cada acto que llevaba a cabo para partir y combatir era un acto ambiguo que podía perderse en la arena, sin servir para nada: por ejemplo, al partir para Inglaterra, podía permanecer indefinidamente, al pasar por España, en un campo español; podía llegar a Inglaterra o a Argel y ser puesto en un escritorio para redactar documentos. En consecuencia, se encontraba frente a dos tipos de acción muy diferentes: una concreta, inmediata, pero que se dirigía a un solo individuo; y otra que se dirigía a un conjunto infinitamente más vasto, a una colectividad nacional, pero que era por eso mismo ambigua, y que podía ser interrumpida en el camino. Al mismo tiempo dudaba entre dos tipos de moral. Por una parte, una moral de simpatía, de devoción personal; y por otra, una moral más amplia, pero de eficacia más discutible. Había que elegir entre las dos. ¿Quién podía ayudarlo a elegir? ¿La doctrina cristiana? No. La doctrina cristiana dice: sed caritativos, amad a vuestro prójimo, sacrificaos por los demás, elegid el camino más estrecho, etc., etc. Pero ¿cuál es el camino más estrecho? ¿A quién hay que amar como a un hermano? ¿Al soldado o a la madre? ¿Cuál es la utilidad mayor: la utilidad vaga de combatir en un conjunto, o la utilidad precisa de ayudar a un ser a vivir? ¿Quién puede decidir a priori? Nadie. Ninguna moral inscrita puede decirlo. La moral kantiana dice: no tratéis jamás a los demás como medios, sino como fines. Muy bien; si vivo al lado de mi madre la trataré como fin, y no como medio, pero este hecho me pone en peligro de tratar como medios a los que combaten en torno mío; y recíprocamente, si me uno a los que combaten, los trataré como fin, y este hecho me pone en peligro de tratar a mi madre como medio.Si los valores son vagos, y si son siempre demasiado vastos para el caso preciso y concreto que consideramos, sólo nos queda fiarnos de nuestros instintos. Es lo que ha tratado de hacer este joven; y cuando lo vi, decía: en el fondo, lo que importa es el sentimiento; debería elegir lo que me empuja verdaderamente en cierta dirección. Si siento que amo a mi madre lo bastante para sacrificarle el resto —mi deseo de venganza, mi deseo de acción, mi deseo de aventura— me quedo al lado de ella. Si, al contrario, siento que mi amor por mi madre no es suficiente, parto. Pero ¿cómo determinar el valor de un sentimiento? ¿Qué es lo que constituía el valor de su sentimiento hacia la madre? Precisamente el hecho de que se quedaba por ella. Puedo decir: quiero lo bastante a tal amigo para sacrificarle tal suma de dinero; no puedo decirlo si no lo he hecho. Puedo decir: quiero lo bastante a mi madre para quedarme junto a ella, si me he quedado junto a ella. No puedo determinar el valor de este afecto si no he hecho precisamente un acto que lo ratifica y lo define. Ahora bien, como exijo a este afecto justificar mi acto, me encuentro encerrado de un círculo vicioso.Por otra parte, Gide ha dicho muy bien que un sentimiento que se representa y un sentimiento que se vive son dos cosas casi indiscernibles: decidir que amo a mi madre quedándome junto a ella o representar una comedia que hará que yo permanezca con mi madre, es casi la misma cosa. Dicho en otra forma, el sentimiento se construye con actos que se realizan; no puedo pues consultarlos para guiarme por él. Lo cual quiere decir que no puedo ni buscar en mí el estado auténtico que me empujará a actuar, ni pedir a una moral los conceptos que me permitirán actuar. Por lo menos, dirán ustedes, ha ido a ver a un profesor para pedirle consejo. Pero si ustedes, por ejemplo, buscan el consejo de un sacerdote, han elegido ese sacerdote y saben más o menos ya, en el fondo, lo que él les va a aconsejar. Dicho en otra forma, elegir el consejero es ya comprometerse. La prueba está en que si ustedes son cristianos, dirán: consulte a un sacerdote. Pero hay sacerdotes colaboracionistas, sacerdotes conformistas, sacerdotes de la resistencia. ¿Cuál elegir? Y si el joven elige un sacerdote de la resistencia o un sacerdote colaboracionista ya ha decidido el género de consejo que va a recibir. Así, al venirme a ver, sabía la respuesta que yo le daría y no tenía más que una respuesta que dar: usted es libre, elija, es decir, invente. Ninguna moral general puede indicar lo que hay que hacer; no hay signos en el mundo. Los católicos dirán: sí, hay signos. Admitámoslo: soy yo mismo el que elige el sentido que tienen. He conocido, cuando estaba prisionero, a un hombre muy notable que era jesuita. Había entrado en la orden de los jesuitas en la siguiente forma: había tenido que soportar cierto número de fracasos muy duros; de niño, su padre había muerto dejándolo en la pobreza, y él había sido becario en una institución religiosa donde se le hacía sentir continuamente que era aceptado por caridad; luego fracasó en cierto número de distinciones honoríficas que halagan a los niños; después hacia los dieciocho años, fracasó en una aventura sentimental; por fin, a los veintidós, cosa muy pueril, pero que fue la gota de agua que hizo desbordar el vaso, fracasó en su preparación militar. Este joven podía, pues, considerar que había fracasado en todo; era un signo, pero, ¿signo de qué? Podía refugiarse en la amargura o en la desesperación. Pero juzgó, muy hábilmente según él, que era el signo de que no estaba hecho para los triunfos seculares, y que sólo los triunfos de la religión, de la santidad, de la fe, le eran accesibles. Vio entonces en esto la palabra de Dios, y entró en la orden. ¿Quién no ve que la decisión del sentido del signo ha sido tomada por él solo? Se habría podido deducir otra cosa de esta serie de fracasos: por ejemplo, que hubiera sido mejor que fuese carpintero o revolucionario. Lleva, pues, la entera responsabilidad del desciframiento. El desamparo implica que elijamos nosotros mismos nuestro ser.


El desamparo va junto con la angustia. En cuanto a la desesperación, esta expresión tiene un sentido extremadamente simple. Quiere decir que nos limitaremos a contar con lo que depende de nuestra voluntad, o con el conjunto de probabilidades que hacen posible nuestra acción. Cuando se quiere alguna cosa, hay siempre elementos probables. Puedo contar con la llegada de un amigo. El amigo viene en ferrocarril o en tranvía: eso supone que el tren llegará a la hora fijada, o que el tranvía no descarrilará. Estoy en el dominio de las posibilidades; pero no se trata de contar con los posibles, sino en la medida estricta en que nuestra acción implica el conjunto de esos posibles. A partir del momento en que las posibilidades que considero no están rigurosamente comprometidas por mi acción, debo desinteresarme, porque ningún Dios, ningún designio puede adaptar el mundo y sus posibles a mi voluntad. En el fondo, cuando Descartes decía: “vencerse más bien a sí mismo que al mundo”, quería decir la misma cosa: obrar sin esperanza. Los marxistas con quienes he hablado me contestan: Usted puede, en su acción, que estará evidentemente limitada por su muerte, contar con el apoyo de otros. Esto significa contar a la vez con lo que los otros harán en otra parte, en China, en Rusia para ayudarlo, y a la vez sobre lo que harán más tarde, después de su muerte, para reanudar la acción y llevarla hacia su cumplimiento, que será la revolución. Usted debe tener en cuenta todo eso; si no, no es moral. Respondo en primer lugar que contaré siempre con los camaradas de lucha en la medida en que esos camaradas están comprometidos conmigo en una lucha concreta y común, en la unidad de un partido o de un grupo que yo puedo controlar más o menos, es decir, en el cual estoy a título de militante y cuyos movimientos conozco a cada instante. En ese momento, contar con la unidad del partido es exactamente como contar con que el tranvía llegará a la hora o con que el tren no descarrilará. Pero no puedo contar con hombres que no conozco fundándome en la bondad humana, o en el interés del hombre por el bien de la sociedad, dado que el hombre es libre y que no hay ninguna naturaleza humana en que pueda yo fundarme. No sé qué llegará a ser de la revolución rusa; puedo admirarla y ponerla de ejemplo en la medida en que hoy me prueba que el proletariado desempeña un papel en Rusia como no lo desempeña en ninguna otra nación. Pero no puedo afirmar que esto conducirá forzosamente a un triunfo del proletariado; tengo que limitarme a lo que veo; no puedo estar seguro de que los camaradas de lucha reanudarán mi trabajo después de mi muerte para llevarlo a un máximo de perfección, puesto que estos hombres son libres y decidirán libremente mañana sobre los que será el hombre; mañana, después de mi muerte, algunos hombres pueden decidir establecer el fascismo, y los otros pueden ser lo bastante cobardes y desconcertados para dejarles hacer; en ese momento, el fascismo será la verdad humana, y tanto peor para nosotros; en realidad, las cosas serán tales como el hombre haya decidido que sean.¿Quiere decir esto que deba abandonarme al quietismo? No. En primer lugar, debo comprometerme; luego, actuar según la vieja fórmula: “no es necesario tener esperanzas para obrar”. Esto no quiere decir que yo no deba pertenecer a un partido, pero sí que no tendré ilusión y que haré lo que pueda. Por ejemplo, si me pregunto: ¿llegará la colectivización, como tal, a realizarse? No sé nada; sólo sé que haré todo lo que esté en mi poder para que llegue; fuera de esto no puedo contar con nada.El quietismo es la actitud de la gente que dice: “Los demás pueden hacer lo que yo no puedo.” La doctrina que yo les presento es justamente lo opuesto al quietismo, porque declara: “Sólo hay realidad en la acción.” Y va más lejos todavía, porque agrega: “El hombre no es nada más que su proyecto, no existe más que en la medida en que se realiza, no es, por lo tanto, más que el conjunto de sus actos, nada más que su vida.” De acuerdo con esto, podemos comprender por qué nuestra doctrina horroriza a algunas personas. Porque a menudo no tienen más que una forma de soportar su miseria, y es pensar así: “Las circunstancias han estado contra mí; yo valía mucho más de lo que he sido; evidentemente no he tenido un gran amor, o una gran amistad, pero es porque no he encontrado ni un hombre ni una mujer que fueran dignos; no he escrito buenos libros porque no he tenido tiempo para hacerlos; no he tenido hijos a quienes dedicarme, porque no he encontrado al hombre con el que podría haber realizado mi vida. Han quedado, pues, en mí, sin empleo, y enteramente viables, un conjunto de disposiciones, de inclinaciones, de posibilidades que me dan un valor que la simple serie de mis actos no permite inferir.” Ahora bien, en realidad, para el existencialismo, no hay otro amor que el que se construye, no hay otra posibilidad de amor que la que se manifiesta en el amor; no hay otro genio que el se manifiesta en las obras de arte; el genio de Proust es la totalidad de las obras de Proust; el genio de Racine es la serie de sus tragedias; fuera de esto no hay nada. ¿Por qué atribuir a Racine la posibilidad de escribir una nueva tragedia, puesto que precisamente no la ha escrito? Un hombre que se compromete en la vida dibuja su figura, y fuera de esta figura no hay nada. Evidentemente, este pensamiento puede parecer duro para aquel que ha triunfado en la vida. Pero, por otra parte, dispone a las gentes para comprender que sólo cuenta la realidad, que los sueños, las esperas, las esperanzas, permiten solamente definir a un hombre como sueño desilusionado, como esperanzas abortadas, como esperas inútiles; es decir que esto lo define negativamente y no positivamente; sin embargo, cuando se dice: tú no eres otra cosa que tu vida, esto no implica que el artista será juzgado solamente por sus obras de arte; miles de otras cosas contribuyen igualmente a definirlo. Lo que queremos decir es que el hombre no es más que una serie de empresas, que es la suma, la organización, el conjunto de las relaciones que constituyen estas empresas.En estas condiciones, lo que se nos reprocha aquí no es en el fondo nuestro pesimismo, sino una dureza optimista.Si la gente nos reprocha las obras novelescas en que describimos seres flojos, débiles, cobardes y alguna vez francamente malos, no es únicamente porque estos seres son flojos, débiles, cobardes o malos; porque si, como Zola, declaráramos que son así por herencia, por la acción del medio, de la sociedad, por un determinismo orgánico o psicológico, la gente se sentiría segura y diría: bueno, somos así, y nadie puede hacer nada; pero el existencialista, cuando describe a un cobarde, dice que el cobarde es responsable de su cobardía. No lo es porque tenga un corazón, un pulmón o cerebro cobarde; no lo es debido a una organización fisiológica, sino que lo es porque se ha construido como hombre cobarde por sus actos. No hay temperamento cobarde; hay temperamentos nerviosos, hay sangre floja, como dicen, o temperamentos ricos; pero el hombre que tiene una sangre floja no por eso es cobarde, porque lo que hace la cobardía es el acto de renunciar o de ceder; un temperamento no es un acto; el cobarde está definido a partir del acto que realiza. Lo que la gente siente oscuramente y le causa horror es que el cobarde que nosotros presentamos es culpable de ser cobarde. Lo que la gente quiere es que se nazca cobarde o héroe. Uno de los reproches que se hace a menudo a Chemins de la Liberté se formula así: pero, en fin, de esa gente que es tan floja, ¿cómo hará usted héroes? Esta objeción hace más bien reír, porque supone que uno nace héroe. Y en el fondo es esto lo que la gente quiere pensar: si se nace cobarde, se está perfectamente tranquilo, no hay nada que hacer, se será cobarde toda la vida, hágase lo que se haga; si se nace héroe, también se estará perfectamente tranquilo, se será héroe toda la vida, se beberá como héroe, se comerá como héroe. Lo que dice el existencialista es que el cobarde se hace cobarde, el héroe se hace héroe; hay siempre para el cobarde una posibilidad de no ser más cobarde y para el héroe de dejar de ser héroe. Lo que tiene importancia es el compromiso total, y no es un caso particular, una acción particular lo que compromete totalmente.Así, creo yo, hemos respondido a cierto número de reproches concernientes al existencialismo. Ustedes ven que no puede ser considerada como una filosofía del quietismo, puesto que define al hombre por la acción; ni como una descripción pesimista del hombre: no hay doctrina más optimista, puesto que el destino del hombre está en él mismo; ni como una tentativa para descorazonar al hombre alejándole de la acción, puesto que le dice que sólo hay esperanza en su acción, y que la única cosa que permite vivir al hombre es el acto. En consecuencia, en este plano, tenemos que vérnoslas con una moral de acción y de compromiso. Sin embargo, se nos reprocha además, partiendo de estos postulados, que aislamos al hombre en su subjetividad individual. Aquí también se nos entiende muy mal.Nuestro punto de partida, en efecto, es la subjetividad del individuo, y esto por razones estrictamente filosóficas. No porque somos burgueses, sino porque queremos una doctrina basada sobre la verdad, y no un conjunto de bellas teorías, llenas de esperanza y sin fundamentos reales. En el punto de partida no puede haber otra verdad que ésta: pienso, luego soy; ésta es la verdad absoluta de la conciencia captándose a sí misma. Toda teoría que toma al hombre fuera de ese momento en que se capta a sí mismo es ante todo una teoría que suprime la verdad, pues, fuera de este cogito cartesiano, todos los objetos son solamente probables, y una doctrina de probabilidades que no está suspendida de una verdad se hunde en la nada; para definir lo probable hay que poseer lo verdadero. Luego para que haya una verdad cualquiera se necesita una verdad absoluta; y ésta es simple, fácil de alcanzar, está a la mano de todo el mundo; consiste en captarse sin intermediario.En segundo lugar, esta teoría es la única que da una dignidad al hombre, la única que no lo convierte en un objeto. Todo materialismo tiene por efecto tratar a todos los hombres, incluido uno mismo, como objetos, es decir, como un conjunto de reacciones determinadas, que en nada se distingue del conjunto de cualidades y fenómenos que constituyen una mesa o una silla o una piedra. Nosotros queremos constituir precisamente el reino humano como un conjunto de valores distintos del reino material. Pero la subjetividad que alcanzamos a título de verdad no es una subjetividad rigurosamente individual porque hemos demostrado que en el cogito uno no se descubría solamente a sí mismo, sino también a los otros. Por el yo pienso, contrariamente a la filosofía de Descartes, contrariamente a la filosofía de Kant, nos captamos a nosotros mismos frente al otro, y el otro es tan cierto para nosotros como nosotros mismos. Así, el hombre que se capta directamente por el cogito, descubre también a todos los otros y los descubre como la condición de su existencia. Se da cuenta de que no puede ser nada (en el sentido que se dice que es espiritual, o que se es malo, o que se es celoso), salvo que los otros lo reconozcan por tal.Para obtener una verdad cualquiera sobre mí, es necesario que pase por otro. El otro es indispensable a mi existencia tanto como el conocimiento que tengo de mí mismo. En estas condiciones, el descubrimiento de mi intimidad me descubre al mismo tiempo el otro, como una libertad colocada frente a mí, que no piensa y que no quiere sino por o contra mí. Así descubrimos en seguida un mundo que llamaremos la intersubjetividad, y en este mundo el hombre decide lo que es y lo que son los otros.Además, si es imposible encontrar en cada hombre una esencia universal que constituya la naturaleza humana, existe, sin embargo, una universalidad humana de condición. No es un azar que los pensadores de hoy día hablen más fácilmente de la condición del hombre que de su naturaleza. Por condición entienden, con más o menos claridad, el conjunto de los límites a priori que bosquejan su situación fundamental en el universo. Las situaciones históricas varían: el hombre puede nacer esclavo en una sociedad pagana, o señor feudal, o proletario. Lo que no varía es la necesidad para él de estar en el mundo, de estar allí en el trabajo, de estar allí en medio de los otros y de ser allí mortal. Los límites no son ni subjetivos ni objetivos, o más bien tienen una faz objetiva y una faz subjetiva. Objetivos, porque se encuentran en todo y son en todo reconocibles; subjetivos, porque son vividos y no son nada si el hombre no los vive, es decir, si no se determina libremente en su existencia por relación a ellos. Y si bien los proyectos pueden ser diversos, por lo menos ninguno puede permanecerme extraño, porque todos presentan en común una tentativa para franquear esos límites o para ampliarlos o para negarlos o para acomodarse a ellos. En consecuencia, todo proyecto, por más individual que sea, tiene un valor universal. Todo proyecto, aun el del chino, el del hindú, o del negro, puede ser comprendido por un europeo.Puede ser comprendido; esto quiere decir que el europeo de 1945 puede lanzarse a partir de una situación que concibe hasta sus límites de la misma manera, y que puede rehacer en sí el camino del chino, del hindú o del africano. Hay universalidad en todo proyecto en el sentido de que todo proyecto es comprensible para todo hombre. Lo que no significa de ninguna manera que este proyecto defina al hombre para siempre, sino que puede ser reencontrado. Hay siempre una forma de comprender al idiota, al niño, al primitivo o al extranjero, siempre que se tengan los datos suficientes. En este sentido podemos decir que hay una universalidad del hombre; pero no está dada, está perpetuamente construida. Construyo lo universal eligiendo; lo construyo al comprender el proyecto de cualquier otro hombre, sea de la época que sea. Este absoluto de la elección no suprime la relatividad de cada época. Lo que el existencialismo tiene interés en demostrar es el enlace del carácter absoluto del compromiso libre, por el cual cada hombre se realiza al realizar un tipo de humanidad, compromiso siempre comprensible para cualquier época y por cualquier persona, y la relatividad del conjunto cultural que puede resultar de tal elección; hay que señalar a la vez la relatividad del cartesianismo y el carácter absoluto del compromiso cartesiano. En este sentido se puede decir, si ustedes quieren, que cada uno de nosotros realiza lo absoluto al respirar, al comer, al dormir, u obrando de una manera cualquiera. No hay ninguna diferencia entre ser libremente, ser como proyecto, como existencia que elige su esencia, y ser absoluto; y no hay ninguna diferencia entre ser un absoluto temporalmente localizado, es decir que se ha localizado en la historia, y ser comprensible universalmente.Esto no resuelve enteramente la objeción de subjetivismo. En efecto, esta objeción toma todavía muchas formas. La primera es la que sigue. Se nos dice: Entonces ustedes pueden hacer cualquier cosa; lo cual se expresa de diversas maneras. En primer lugar se nos tacha de anarquía; en seguida se declara: no pueden ustedes juzgar a los demás, porque no hay razón para preferir un proyecto a otro; en fin, se nos puede decir: todo es gratuito en lo que ustedes eligen, dan con una mano lo que fingen recibir con la otra. Estas tres objeciones no son muy serias. En primer lugar, la primera objeción: pueden elegir cualquier cosa, no es exacta. La elección es posible en un sentido, pero lo que no es posible es no elegir. Puedo siempre elegir, pero tengo que saber que, si no elijo, también elijo. Esto, aunque parezca estrictamente formal, tiene una gran importancia para limitar la fantasía y el capricho. Si es cierto que frente a una situación, por ejemplo, la situación que hace que yo sea un ser sexuado que puede tener relaciones con un ser de otro sexo, que yo sea un ser que puede tener hijos— estoy obligado a elegir una actitud y que de todos modos lleva la responsabilidad de una elección que, al comprometerme, compromete a la humanidad entera, aunque ningún valor a priori determine mi elección, esto no tiene nada que ver con el capricho; y si se cree encontrar aquí la teoría gideana del acto gratuito, es porque no se ve la enorme diferencia entre esta doctrina y la de Gide. Gide no sabe lo que es una situación; obra por simple capricho. Para nosotros, al contrario, el hombre se encuentra en una situación organizada, donde está él mismo comprometido, compromete con su elección a la humanidad entera, y no puede evitar elegir: o bien permanecerá casto, o bien se casará sin tener hijos, o bien se casará y tendrá hijos; de todos modos, haga lo que haga, es imposible que no tome una responsabilidad total frente a este problema. Sin duda, elige sin referirse a valores preestablecidos, pero es injusto tacharlo de capricho. Digamos más bien que hay que comparar la elección moral con la construcción de una obra de arte. Y aquí hay que hacer en seguida un alto para decir que no se trata de una moral estética, porque nuestros adversarios son de tan mala fe que nos reprochan hasta esto. El ejemplo que elijo no es más que una comparación. Dicho esto, ¿se ha reprochado jamás a un artista que hace un cuadro el no inspirarse en reglas establecidas a priori? ¿Se ha dicho jamás cuál es el cuadro que debe hacer? Está bien claro que no hay cuadro definitivo que hacer, que el artista se compromete a la construcción de su cuadro, y que el cuadro por hacer es precisamente el cuadro que habrá hecho; está bien claro que no hay valores estéticos a priori, pero que hay valores que se ven después en la coherencia del cuadro, en las relaciones que hay entre la voluntad de creación y el resultado. Nadie puede decir lo que será la pintura de mañana; sólo se puede juzgar la pintura una vez realizada. ¿Qué relación tiene esto con la moral? Estamos en la misma situación creadora. No hablamos nunca de la gratuidad de una obra de arte. Cuando hablamos de un cuadro de Picasso, nunca decimos que es gratuito; comprendemos perfectamente que Picasso se ha construido tal como es, al mismo tiempo que pintaba; que el conjunto de su obra se incorpora a su vida.Lo mismo ocurre en el plano de la moral. Lo que hay de común entre el arte y la moral es que, con los dos casos, tenemos creación e invención. No podemos decir a priori lo que hay que hacer. Creo haberlo mostrado suficientemente al hablarles del caso de ese alumno que me vino a ver y que podía dirigirse a todas las morales, kantiana u otras, sin encontrar ninguna especie de indicación; se vio obligado a inventar él mismo su ley. Nunca diremos que este hombre que ha elegido quedarse con su madre tomando como base moral los sentimientos, la acción individual y la caridad concreta, o que ha elegido irse a Inglaterra prefiriendo el sacrificio, ha hecho una elección gratuita. El hombre se hace, no está todo hecho desde el principio, se hace al elegir su moral, y la presión de las circunstancias es tal, que no puede dejar de elegir una. No definimos al hombre sino en relación con un compromiso. Es, por tanto, absurdo reprocharnos la gratuidad de la elección.En segundo lugar se nos dice: no pueden ustedes juzgar a los otros. Esto es verdad en cierta medida, y falso en otra. Es verdadero en el sentido de que, cada vez que el hombre elige su compromiso y su proyecto con toda sinceridad y con toda lucidez, sea cual fuere por lo demás este proyecto, es imposible hacerle preferir otro; es verdadero en el sentido de que no creemos en el progreso; el progreso es un mejoramiento; el hombre es siempre el mismo frente a una situación que varía y la elección se mantiene siempre una elección en una situación. El problema moral no ha cambiado desde el momento en que se podía elegir entre los esclavistas y los no esclavistas, en el momento de la guerra de Secesión, por ejemplo, hasta el momento presente, en que se puede optar por el M.R.P. o los comunistas.Pero, sin embargo, se puede juzgar, porque, como he dicho, se elige frente a los otros, y uno se elige a sí frente a los otros. Ante todo se puede juzgar (y éste no es un juicio de valor, sino un juicio lógico) que ciertas elecciones están fundadas en el error y otras en la verdad. Se puede juzgar a un hombre diciendo que es de mala fe. Si hemos definido la situación del hombre como una elección libre, sin excusas y sin ayuda, todo hombre que se refugia detrás de la excusa de sus pasiones, todo hombre que inventa un determinismo, es un hombre de mala fe.Se podría objetar: pero ¿por qué no podría elegirse a sí mismo de mala fe? Respondo que no tengo que juzgarlo moralmente, pero defino su mala fe como un error. Así, no se puede escapar a un juicio de verdad. La mala fe es evidentemente una mentira, porque disimula la total libertad del compromiso. En el mismo plano, diré que hay también una mala fe si elijo declarar que ciertos valores existen antes que yo; estoy en contradicción conmigo mismo si, a la vez, los quiero y declaro que se me imponen. Si se me dice: ¿y si quiero ser de mala fe?, responderé: no hay ninguna razón para que no lo sea, pero yo declaro que usted lo es, y que la actitud de estricta coherencia es la actitud de buena fe. Y además puedo formular un juicio moral. Cuando declaro que la libertad a través de cada circunstancia concreta no puede tener otro fin que quererse a sí misma, si el hombre ha reconocido que establece valores, en el desamparo no puede querer sino una cosa, la libertad, como fundamento de todos los valores. Esto no significa que la quiera en abstracto. Quiere decir simplemente que los actos de los hombres de buena fe tienen como última significación la búsqueda de la libertad como tal. Un hombre que se adhiere a tal o cual sindicato comunista o revolucionario, persigue fines concretos; estos fines implican una voluntad abstracta de libertad; pero esta libertad se quiere en lo concreto. Queremos la libertad por la libertad y a través de cada circunstancia particular. Y al querer la libertad descubrimos que depende enteramente de la libertad de los otros, y que la libertad de los otros depende de la nuestra. Ciertamente la libertad, como definición del hombre, no depende de los demás, pero en cuanto hay compromiso, estoy obligado a querer, al mismo tiempo que mi libertad, la libertad de los otros; no puedo tomar mi libertad como fin si no tomo igualmente la de los otros como fin. En consecuencia, cuando en el plano de la autenticidad total, he reconocido que el hombre es un ser en el cual la esencia está precedida por la existencia, que es un ser libre que no puede, en circunstancias diversas, sino querer su libertad, he reconocido al mismo tiempo que no puedo menos de querer la libertad de los otros. Así, en nombre de esta voluntad de libertad, implicada por la libertad misma, puedo formar juicios sobre los que tratan de ocultar la total gratuidad de su existencia, y su total libertad. A los que se oculten su libertad total por espíritu de seriedad o por excusas deterministas, los llamaré cobardes; a los que traten de mostrar que su existencia era necesaria, cuando es la contingencia misma de la aparición del hombre sobre la tierra, los llamaré inmundos. Pero cobardes o inmundos no pueden ser juzgados más que en el plano de la estricta autenticidad. Así, aunque el contenido de la moral sea variable, cierta forma de esta moral es universal. Kant declara que la libertad se quiere a sí misma y la libertad de los otros.De acuerdo; pero él cree que lo formal y lo universal son suficientes para constituir una moral. Nosotros pensamos, por el contrario, que los principios demasiado abstractos fracasan para definir la acción. Todavía una vez más tomen el caso de aquel alumno: ¿en nombre de qué, en nombre de qué gran máxima moral piensan ustedes que podría haber decidido con toda tranquilidad de espíritu abandonar a su madre o permanecer al lado de ella? No hay ningún medio de juzgar. El contenido es siempre concreto y, por tanto, imprevisible; hay siempre invención. La única cosa que tiene importancia es saber si la invención que se hace, se hace en nombre de la libertad. Examinemos, por ejemplo, los dos casos siguientes; verán en qué medida se acuerdan y sin embargo se diferencian. Tomemos El molino a orillas del Floss. Encontramos allí una joven, Maggie Tulliver, que encarna el valor de la pasión y que es consciente de ello; está enamorada de un joven, Stephen, que está de novio con otra joven insignificante. Esta Maggie Tulliver, en vez de preferir atolondradamente su propia felicidad, en nombre de la solidaridad humana elige sacrificarse y renunciar al hombre que ama. Por el contrario, la Sanseverina de la Cartuja de Parma, que estima que la pasión constituye el verdadero valor del hombre, declararía que un gran amor merece sacrificios; que hay que preferirlo a la trivialidad de un amor conyugal que uniría a Stephen y a la joven tonta con quien debe casarse; elegiría sacrificar a ésta y realizar su felicidad; y como Stendhal lo muestra, se sacrificará a sí misma en el plano apasionado, si esta vida lo exige. Estamos aquí frente a dos morales estrictamente opuestas: pretendo que son equivalentes; en los dos casos, lo que se ha puesto como fin es la libertad. Y pueden ustedes imaginar dos actitudes rigurosamente parecidas en cuanto a los efectos: una joven, por resignación prefiere renunciar a su amor; otra, por apetito sexual prefiere desconocer las relaciones anteriores del hombre que ama. Estas dos acciones se parecen exteriormente a las que acabamos de describir. Son, sin embargo, enteramente distintas: la actitud de la Sanseverina está mucho más cerca que la de Maggie Tulliver de una rapacidad despreocupada. Así ven ustedes que este segundo reproche es, a la vez, verdadero y falso. Se puede elegir cualquier cosa si es en el plano del libre compromiso.La tercera objeción es la siguiente: reciben ustedes con una mano lo que dan con la otra: es decir, que en el fondo los valores no son serios, porque los eligen. A eso contesto que me molesta mucho que sea así: pero si he suprimido a Dios padre, es necesario que alguien invente los valores. Hay que tomar las cosas como son. Y, además, decir que nosotros inventamos los valores no significa más que esto: la vida, a priori, no tiene sentido. Antes de que ustedes vivan, la vida no es nada; les corresponde a ustedes darle un sentido, y el valor no es otra cosa que este sentido que ustedes eligen.Por esto se ve que hay la posibilidad de crear una comunidad humana. Se me ha reprochado el preguntar si el existencialismo era un humanismo. Se me ha dicho: ha escrito usted en Nausée que los humanistas no tienen razón, se ha burlado de cierto tipo de humanismo; ¿por qué volver otra vez a lo mismo ahora? En realidad, la palabra humanismo tiene dos sentidos muy distintos. Por humanismo se puede entender una teoría que toma al hombre como fin y como valor superior. Hay humanismo en este sentido en Cocteau, por ejemplo, cuando, en su relato Le tour du monde en 80 heures, un personaje dice, porque pasa en avión sobre las montañas: el hombre es asombroso. Esto significa que yo, personalmente, que no he construido los aviones, me beneficiaré con estos inventos particulares, y que podré personalmente, como hombre, considerarme responsable y honrado por los actos particulares de algunos hombres. Esto supone que podríamos dar un valor al hombre de acuerdo con los actos más altos de ciertos hombres. Este humanismo es absurdo, porque sólo el perro o el caballo podrían emitir un juicio de conjunto sobre el hombre y declarar que el hombre es asombroso, lo que ellos no se preocupan de hacer, por lo menos que yo sepa. Pero no se puede admitir que un hombre pueda formular un juicio sobre el hombre. El existencialismo lo dispensa de todo juicio de este género; el existencialista no tomará jamás al hombre como fin, porque siempre está por realizarse. Y no debemos creer que hay una humanidad a la que se pueda rendir culto, a la manera de Augusto Comte. El culto de la humanidad conduce al humanismo cerrado sobre sí, de Comte, y hay que decirlo, al fascismo. Es un humanismo que no queremos.Pero hay otro sentido del humanismo que significa en el fondo esto: el hombre está continuamente fuera de sí mismo; es proyectándose y perdiéndose fuera de sí mismo como hace existir al hombre y, por otra parte, es persiguiendo fines trascendentales como puede existir; siendo el hombre este rebasamiento mismo, y no captando los objetos sino en relación a este rebasamiento, está en el corazón y en el centro de este rebasamiento.No hay otro universo que este universo humano, el universo de la subjetividad humana. Esta unión de la trascendencia, como constitutiva del hombre —no en el sentido en que Dios es trascendente, sino en el sentido de rebasamiento— y de la subjetividad en el sentido de que el hombre no está encerrado en sí mismo sino presente siempre en un universo humano, es lo que llamamos humanismo existencialista. Humanismo porque recordamos al hombre que no hay otro legislador que él mismo, y que es en el desamparo donde decidirá de sí mismo; y porque mostramos que no es volviendo hacia sí mismo, sino siempre buscando fuera de sí un fin que es tal o cual liberación, tal o cual realización particular, como el hombre se realizará precisamente como humano.De acuerdo con estas reflexiones se ve que nada es más injusto que las objeciones que nos hacen. El existencialismo no es nada más que un esfuerzo por sacar todas las consecuencias de una posición atea coherente. No busca de ninguna manera hundir al hombre en la desesperación. Pero sí se llama, como los cristianos, desesperación a toda actitud de incredulidad, parte de la desesperación original. El existencialismo no es de este modo un ateísmo en el sentido de que se extenuaría en demostrar que Dios no existe. Más bien declara: aunque Dios existiera, esto no cambiaría; he aquí nuestro punto de vista. No es que creamos que Dios existe, sino que pensamos que el problema no es el de su existencia; es necesario que el hombre se encuentre a sí mismo y se convenza de que nada pueda salvarlo de sí mismo, así sea una prueba válida de la existencia de Dios. En este sentido, el existencialismo es un optimismo, una doctrina de acción, y sólo por mala fe, confundiendo su propia desesperación con la nuestra, es como los cristianos pueden llamarnos desesperados.
Sartre: El existencialismo es un humanismo. Ediciones del 80, Barcelona.